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Realidades y Ficciones
El psicoanálisis Como experiencia de la palabra y la transferencia


Susana Dato

“Algunas consecuencias en la vida de los analizantes, de las equívocas transferencias de los analistas”. Un legado de Freud.

El psicoanálisis de Freud y Lacan caracterizado como paradigma de la experiencia de la palabra y la transferencia no fue abandonado por ninguno de ellos a lo largo de su enseñanza. Práctica del análisis fundada en la experiencia.

Experiencia de la palabra en el sentido fuerte. Esa que hace al mundo, al cuerpo del Otro y al cuerpo del que es primero habitado por y después habitante del lenguaje.

Esa palabra que pierde al Ser al producirlo. Esa palabra, toda potencia al decir de Lacan que hace que algo exista, que se haga presente sólo a partir del momento en que es dicho.

Así Dios creó el mundo, dice la Biblia.

Así Freud el Demiurgo construyó inventando las escenas traumáticas, aquéllas de los orígenes de la subjetividad, dicen los textos.

Así Lacan introduce nombrando, un elefante en su Seminario. Confirma de este modo la ficción como único existente posible.

El Ser que habla entonces, vive en un mundo que él mismo inventa, construye no sin su Otro. La Realidad fáctica no es anterior a lo que de ella se dice, sino su producto. Lo Real, imposible de ser pensado, será lo que sobra, puro resto, con lo que tal vez se pueda hacer algo diferente a través de la transferencia puesta en acto.

 

Escribe Freud en el caso Isabel de R:

“No siempre he sido exclusivamente psicoterapeuta. Mis historiales clínicos carecen de sello científico. Son más bien piezas literarias. Parecen novelas basadas en los movimientos de los personajes”.

Esto es el psicoanálisis y la vida. Una puesta en escena en la que los personajes a veces caen. La caída se convierte entonces en posibilidad de transitar otros caminos. Algunos retornan al escenario inventando nuevos guiones. Otros desaparecen.

 

¿Cómo pensar los orígenes del Ser Hablante sino en el encuentro, el choque violento con algo que le es tan ajeno, exterior al organismo vivo, como la palabra?

En el principio habría sido la palabra. Pero la palabra en tanto Acto.

Puro primer tiempo mítico, en el que con ellas se hace, en el que El (tercera persona, el otro nombre con el que Lacan leyó el Inconciente freudiano) dicho, construye, realiza.

Pero ¿Cómo se hace posible el encuentro de dos órdenes tan disímiles?

Alguien, algo tendrá que acercarlos, enlazarlos.

Otro Primordial que obliga, (en el sentido de la Nobleza) a meterse en eso que la palabra al nombrar ordena. Eso que irremediablemente se perderá al ser nombrado.

 

Cuenta Jorge Fuckelman que alguna vez alguien le dijo: “tuve 4 hijos y a los 4 les puse nombre”.

Qué extraño suena repetirlo! Más extraño habrá sonado en el momento en el que lo que se escuchó es que nombrar no pertenece al orden de lo natural. Pero Lo Real nombrado, eso es la ficción!! Ese acto nació a los hijos, única manera posible de entrar al mundo humano.

¿Qué hace nacer? Esta es una de las preguntas que recorre el historial del Pequeño Hans: qué da vida a un hijo. Tal vez tengamos tiempo de encontrarnos con ella en los mitos que la responden.

Alguien nombrado es entonces irreemplazable. Una vez instalado en el mundo simbólico imposible salir de él. Esta es una primera afirmación de Lacan que modificará con el tema de la segunda muerte. Hasta Freud se las arregló para ilusionarse con la sustitución como posibilidad saludable. “Duelo y Melancolía” es el texto más claro en este sentido. Sus perros inmortales en el nombre, encarnan esa creencia (Jean Allouch)

¿Saber algo de lo insustituible será la condición de saberse necesariamente convertido en algún momento en “para siempre” olvidable?

 

Pero retornemos a los primeros y gozosos tiempos instituyentes de la vida en el campo de la palabra y el lenguaje.

Las palabras son lo que nombran. Saben lo que nombran. Se cree en ese Saber.

Saber que funda el que lo transmite. Poder y saber transferidos de las palabras al que las dice.

De un análisis también se espera que el poder y el saber vuelvan a ese lugar original, el de las palabras, no sin modificaciones.

“Soy el Amo de las palabras” dice Humpty Dumpty. Ilusión compartida por muchos.

Estos demonios yoicos hacen decir a André Green en un homenaje hecho a Lacan en un aniversario de su muerte: yo digo, hablo de lo que sé.

Estas (im)posturas frente al Universo Simbólico exigen muchas otras operaciones en las que no entraremos por ahora.

 

Mucho tiempo antes es imposible sobrevivir sin dejarse penetrar: las palabras se imponen.

Es en esa imposición que se opera la entrada del Ser al mundo humano: primera operación constitutiva de la subjetividad.

Maravilloso viraje producido por Lacan: ya no se trata de la Psicosis Paranoica imponiendo sus palabras en la nosología psiquiátrica sino de un momento constitutivo necesario de la sujeción humana al mundo de la palabra.

Este acto despatologizador tiene antecedentes sobre todo en los tiempos fundantes del psicoanálisis de Freud. ¿Podrían pensar los psiquiatras la alucinación como fenómeno normal, como lo hace Freud en el historial de Ernest Lanzer? ¿Cómo convertir el dolor del síntoma histérico en un chiste?

Freud mostrará que el mecanismo que los produce es el mismo!

En este momento Freud es un hereje. Simultáneamente y sobre todo después del codo de los años 20 virará de posición. Aunque no totalmente, algo de la herejía conservará. Científico hereje!!

Tal vez esta posición es la que lo sostiene como analista. La que le permite acoger de otro modo la palabra del que habla. Esto naturalmente no siempre lo logra.

 

 

La palabra necesariamente carente, incoherente para el psiquiatra, insuficiente para controlar las pasiones, supone la enfermedad como pérdida del dominio. El único agente de dominio posible es el Yo en tanto mediador entre las pulsiones y la realidad enseñaba Freud.

Esto tiene actualidad en la vida cotidiana: ahora se habla de manejar: en nuestro medio (convoquemos a esas inexistentes comunidades) se maneja la transferencia, los pacientes: tu manejas adolescentes preguntó un analista a otro, que afortunadamente respondió con una estruendosa risotada. Productos que se venden. Todo sería manejable. Dan ganas de recordarles a los que eso creen: Sres. lo único manejable es un aparato! Lo que no tiene vida. No es deseable desde el psicoanálisis, convertir a un ser que habla en esa cosa.

 

¿La pulsión será educable, controlable, entrenable, equilibrable? Hay artículos publicados en los que se habla de la preparacion de los postulantes a analistas, que usan estos verbos como aquéllos que convienen a la profesión. Será profesionalizable el psicoanálisis? Esto forma parte de la jerga de todos los días: son tan profesionales algunos doctores! Hay que escuchar en lo cotidiano las ideologías: puros ideales que atrapan y empobrecen el lenguaje, convirtiéndolo en la gastada moneda de Mallarmé.

Insoportable invento de Freud: nuestras palabras nos delatan, dicen lo que no sabemos, eso de lo que no queremos saber: lo dicho está atravesado por lo sexual. Palabras minadas y contaminadas de sexo, según el feliz hallazgo de Susana Bercovich.

Habrá Amo que las domine?

 

Alguien intentando disculparse , llamó por teléfono explicando los motivos de su tardanza :“Es que no puedo avanzar por el tráfico, dijo inocentemente, estoy atrapada en Santa Catarina.” Después de cortar (con) la comunicación, no ajena a ese otro modo de escuchar, el analítico, se preguntó: yo atrapado en una santa que impide avanzar. Qué tiene que ver conmigo?

 

Si esto no es un síntoma, el síntoma dónde está?

En el consultorio del analista, claro. Sólo con él se completará al decir de Lacan, lo sancionará en el sentido del chiste como tal.

Para que haya síntoma tiene que haber analista.

Para que haya análisis, Lacan dictamina, tiene que haber analista.

No es tan elemental como parece: Analistas no Amos, aunque al analista se lo ama.

Pero la pureza no existe en psicoanálisis, tampoco en la vida.

 

Si transitamos los historiales de Freud, en algunos momentos hay un analista que recibiendo, da la palabra al que la pide. En muchos otros, demasiados a veces no, sólo hay Amo. Afirmación conmovedora, trepidante. Nos mueve a los que nos sabemos en deuda con Freud, del lugar en el que estamos parados.

Pero él no es el único. En cada análisis hay momentos, es esperable que muy fugaces, en los que hace falta decir desde ese lugar. Después se sabrá si fueron fructíferos.

 

Desde las primeras y refrescantes histéricas hasta Isabel de R y Dora, picos de oro las llama divertido Lacan, Freud se encarga de inyectarle a ellas sus pacientes, las que lo padecen, una serie de objetos de amor, heterosexual claro. Serie iniciada con el padre como corresponde a la teoría que está inventando y que finaliza con él en tanto analista al cual le serán transferidos los deseos, fantasías y todos los fragores posibles de la más tierna infancia.

Desde esos primeros momentos los dos lugares, del Amo y del Analista, se hicieron presentes en sus análisis en distintas proporciones. La variación estará dada (es una conjetura) según el interés teórico y personal del caso.

 

El historial del pequeño Hans- Herbert Graf pródigo en el tema del significante, es producto de un pedido de Freud al padre. Tenía que mostrar las pruebas de que la sexualidad infantil existe como realidad en los primeros años de vida de los niños. Esto le serviría para refutarle a Jung su teoría de la sexualidad infantil como creación de la adultez. Así Hans se convertirá en Das Kleine de su madre, su padre y también de Freud , encarnando, conteniendo ese saber que ellos debían extraer.

Pero se producirá un extraño viraje. La Fobia eclosiona y ya nadie lo soporta. Hans molesta a sus padres con sus miedos. Esto lo pone a Freud en el lugar del que sabe y cura. Un día Hans y Max su padre, visitarán a Freud en su consultorio quien los recibirá diciéndoles (como Dios a Moisés desde el Sinai según Lacan): yo sabía que un día iba a venir un niño contándome de sus amores con la madre y los celos por el padre…

 

Ya antes Freud había ocupado ese lugar. Cuenta Max Graf que le preguntó si creía que Olga estaba en condiciones de casarse, obteniendo la siguiente respuesta:

Ahora no, pero dentro de un año sí!!!

Max obedeció, Olga también. Freud seguía siendo su ( El de quién) analista.

Vuelve Max al que sabe ( por qué Freud no habrá escuchado sus reiterados pedidos de ocupar, de ser arrojado a su diván ?) y pregunta: puede ya ser madre? Freud otra vez tranquilamente responde.

Tiene el Saber y el Poder de la Respuesta. Hans lo sabía: sólo el Buen Dios- Padre sabe lo que vendrá.

 

Pero ése ¿Será el mismo Freud que decía, cuando un analista se encuentra(en serio) con alguien a quién le da la palabra, tiene que escucharlo como si fuera la primera vez que oye decir algo de una vida, porque esa vida es absolutamente original y singular.

 

Otra historia muy diferente es esa nombrada por él, como Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina. En el nombre delata me parece, su interés. La homosexualidad no es genética, biológica. Es edípica! Este es su gran hallazgo.

En el relato no hay palabras de la muchacha, hay un modo de construir el intento de suicidio a partir de la polisemia. Ese Niederkommen que condensa dos verbos, caer y parir está dicha por Freud. Al caer realiza el deseo de parir…un hijo del padre. Verdad doctrinaria confirmada! Las palabras del que habla no son necesarias. Esto Sidonie nunca se lo perdonó. No por razones morales sino estéticas. No importaba

que fuera su padre. Pero era tan feo ese hombre! Feo, bajito y rechoncho! Jamás hubiese soportado acostarse con él. Freud se indigna ¿Cómo no respetar eso tan humano que es la prohibición del incesto? Esto le hace decir a Allouch: pero es que Sidonie era una esteta! He ahí otra manera, jubilosa, de acoger la palabra.

Desde el principio Freud fue serio y distante con ella. La primera vez que fue a su consultorio se le acercó graciosamente con una reverencia a besarle la mano. Rápido y acartonado él la quitó. Fue la única vez que lo vio sonreír. Cuántos analistas lo siguieron en este estilo! Hay que estar duritos, no moverse ni reírse. Obligaciones de la neutralidad.

¿Y qué de la palabra y la sonrisa como el Pharmakon del análisis!

 

Hasta la muerte le reprochó Sidonie a Freud (petrificado en este punto en el lugar del Saber) no haberla reconocido como completamente inocente. Si no hubiese sido un cretino se hubiese dado cuenta de eso, dijo en el lecho de muerte casi a los 100 años. Un siglo sosteniendo a ese hombre que no había entendido nada de lo que ella le había dicho!

Margarethe Csonka (su nombre parental) sólo pedía ser reconocida en su posición esencial: la inocencia era la manera en que ella se ubicaba eróticamente con las mujeres y los hombres. Los perros no mienten, son absolutamente fieles e inocentes. Están amarrados al Amo. Esa era su posición en el Amor: la del Amo. Sabe y muestra, enseña cómo se ama de verdad. Es la inventora de esa nueva figura del amor, la de los Amores Perros. Es Jean Allouch quien la lee.

¿Qué le pasó a ese Freud que se divertía con los desafiantes cuestionamientos de sus histéricas? ¿Qué lo hace retirarse, hacer un estruendoso mutis por el foro, caer del lugar de analista de esta otra bella? Estragos del psicoanálisis.

 

Esa joven, homosexual hermosa e inteligente, con la cual no querría encontrarse en la calle, cuyos ojos le dan miedo (es su escritura, la de Freud). Qué le pasa que comete creo el único acto bárbaro, desquiciado como analista?

Pero no, no es el único, está también el término del análisis del Hombre de los Lobos.

 

Lacan a propósito de la Angustia produce el 9 de enero de 1960 su gran invento, el objeto @ a partir de ella, por ella, para ella. Objeto que pone en circulación bajo la forma de una hostia en su auditorio. Acompaña su acto con palabras: despréndanse de esa porquería que no sirve! Conviértanlo en deshecho! Tírenlo por el excusado! Es una mierda! Y ya más tranquilo: pásenlo al contiguo…

En esta puesta en escena que es la vida ¿Quién se salva de la Amitud?

 

Ese análisis concluye (¿habrá iniciado?) cuando Freud sospecha que la muchacha lo quiere engañar como engañó al padre. Entonces interrumpe el análisis y la manda con otra, analista- mujer. Lo mismo hace con Anna. Sidonie no obedece. Su hija si, se va con Lou Andreas Salomé.

 

El padre del Hombre de las Ratas es ciega, enteramente confiable, no miente para su hijo. Esta operación, la producción, el juego con el señuelo, Ernest la realizará con Freud.

A La Joven Homosexual en cambio, desilusionado, la castiga echándola.

Cómo se metió Freud en la Pastoral analítica haciendo del psicoanálisis una Religión? Respuesta de Lacan: jugando él que se decía ateo, no creyendo en Dios con las cartas de Dios.

 

¿No es esto equivalente a la fijación de un término al análisis de Sergei Petrov?

De esta manera queda fijado a ese término fijado por Freud que le hace perder su nombre paterno y convertirse- fijarse en el nombre: el Hombre de los lobos “de” Freud para ese mundo al que le estaba impedido insertarse por cuestiones de clase.

(Cualquier resonancia con el de genitivo del Goce que da existencia al Otro no es azarosa) Convertirse en el hombre de Freud, ser tragado por él era lo más horrorosamente temido: satisfacerlo en tanto objeto borrándose subjetivamente)

Niño rico dirá Lacan. Se podría agregar, niño rico protegido por la cofia de la buena suerte con la que según la tradición familiar nació. Cofia, velo del que se quejaba porque se convertía en obstáculo, le impedía ver y escuchar. (Y qué de la escena de los orígenes construida- inventada por Freud, donde de lo que se trata es justo de lo visto y lo oído?) Eso que lo ubicaba como velado viviente, velado en vida (¿La Momia del psicoanálisis de Lacan?) quien sabe lo que sea, eso lo amurallaba. Lo protegía de que algo malo le pasase. Y vaya si lo protegió! Su vida transcurrió en una especie de “pasa nada” aburridísimo del que salió por un tiempito primero con los cuentos infantiles, después con la Biblia, y más tarde con los poetas y novelistas que le permitieron el acceso a otros mundos distintos al de la Cofia- velo.

Ese mundo creado por el personaje impedido, personaje que sostuvo hasta la muerte. Paralelamente a la Nada que pasa, las grandes tragedias: suicidio del padre, de la hermana, de Teresa su mujer. La Revolución Bolchevique lo despojó de sus riquezas y la Nada sigue pasando.

Pero la Gracia de las mujeres analistas algo cambió.

Se convirtió, promovido sobre todo por Muriel Gardiner en pintor y escritor. Ruth Mack Brunswick lo posibilitó.

Con sus obras vivió más allá de las mensualidades que Freud hizo pagar a la comunidad analítica en retribución a la Gran Deuda teórica contraída con Sergei Petrov.

 

No es poca cosa un analista deudor de su paciente, de aquél que lo padece a la manera de ”vida, pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo” muerto en la cruz por los pecados de los hombres y del padre. Sacrificio dirigido al Padre. Realizado por y para el Padre. El Dios Padre.

Sergei nació un 24 de diciembre. Se creía especialmente afortunado por esto. Otro motivo para considerarse único: haber sido el paciente preferido de Freud. Por fortuna Brunswick lo cayó de ese lugar. Consecuencia: desaparición de la alucinación del agujero (en la nariz). El problema que queda sin resolver: qué hacer con los otros agujeros?

Pankieff se murió internado en un Hospital Psiquiátrico.

 

Félix Deutch cuenta que azarosamente reconoce en Ida Bauer a aquella Dora de los historiales de Freud y le pide una entrevista. Ella acepta y lo cita en su casa. El se hizo acompañar por un amigo otorrinolaringólogo!! Cómo leer las coincidencias?

(Mejor sólo tomar nota de ellas, dejarlas registradas para otros. Esto hizo Freud con sus metidas de pata, las escribe. Así fue posible que otros las leyeran haciendo algo diferente.)

El marido les abrió la puerta, los hizo pasar y se retiró. La dejó en sus manos. Nunca volvió ese seguro empleado servidor. Dora, recostada en su cama se queja de esos hombres infieles, egoístas y pedigüeños que hacen a las mujeres frígidas. De ellos quiso vengarse durante toda su vida.

Pero la venganza es una producción del análisis de los 2 sueños que organizan su historial!! Una palabra dicha en transferencia a los 18 años. Esa palabra que habría causado según su analista amante de las causas perdidas, la interrupción de su análisis. Vengarse en esos tiempos de Freud, del Sr. K y del padre, ahora del marido.

De ese marido, el único que podría haber tenido según Félix Deutch, nunca se separó. El se murió de un infarto. Prefirió la muerte a la separación, interpretará Deutch . Su muerte le produjo una serie de síntomas cardíacos, ahogos, dolores, palpitaciones. Y mucho miedo de morir tras él. Su madre se había muerto en 1912, su padre la siguió en 1913.

 

Junto con la vieja Sra. K. consigue trabajo como instructora de Bridge, juego muy de moda en los 20’ en los grupos de Damas Alcurniosas. Juego de complicidades y astucias. Así rodeada de mujeres, sigue admirando la blancura de la piel de esa mujer a través de la cual quiso saber los misterios del deseo y la sexualidad. Aquélla que podría haber dado respuesta a sus preguntas la deja sola, la abandona como esos hombres. Dora responderá sin saberlo esas preguntas que organizan los 2 sueños, en y con su vida. Con su vida y con su muerte, como cualquiera de esos seres que hablan.

Ida Bauer, constipada como su madre, pone fin a sus aventuras con un cáncer de colon. Significativo, esa mujer a la que despreció en vida le dio material para la muerte. Juntas iban a los Baños Termales a limpiarse. Queja del padre y de Dora: a la Sra. Bauer sólo le interesa su constipación. Así encuentra la entereza. Freud también lo dirá a su modo: sufre la psicosis del Ama de Casa. Está centrada en su limpieza . Muda fidelidad a esa madre que no sabía de los hombres, las mujeres ni el deseo. Madre despreciada a la que Freud le dio en transferencia el lugar de deshecho familiar.

 

Para Lacan la casa es el Otro. Uno es invitado y entonces habita a ese Otro.

La Casa de los Bauer está sucia. Arde de sucia. ¿Será la enfermedad que ese padre transmite la que ensucia y contagia? Eso imposible de limpiar en la vida.

 

“Su muerte se convirtió en una bendición para los más cercanos. Fue una de las histéricas más revulsivas que conocí”. Félix Deutch lo dijo así en resonancia con otra voz, la de Freud: “la identificación a la madre fue la oportunidad que tuvo para descollar por lo insoportable.” Conservó esa posición hasta la muerte.

 

Es impresionante cómo un analista no destituido del lugar del Saber y el Poder puede perseguir hasta la muerte. No hay caída, sólo un bajón.

 

Pero, cómo sostener ese extraño lugar que hay que hacer caer?

Lacan lee en Freud que lo que hace falta es renunciar al poder que ese lugar confiere.

 

¿Y qué de ese otro Freud que sostiene la transferencia en la persona del analista?

Freud- Padre, Freud en relación al padre. El Pere-sonne.

 

¿Qué resuena en ese padre eterno, el padre del psicoanálisis, lugar del que algunos grupos analíticos no lo mueven? Después de muerto, alguien que ha sido sigue siendo en lo que los que quedan hacen de él.

Una cosa es ser fundador y otra distinta es ser padre.

El que funda da lugar con su muerte a otros lectores de lo fundado.

Quien no renuncia a la paternidad permanece aun muerto formando parte de lo eterno. Lo dice Freud en “Lo perecedero”.

A esto se opone Lacan cuando convierte al analista en función.

Eso que vía deseo del analista apunta desde el inicio a su caída.

Porque el Otro no existe, es un puro invento neurótico. Esa es otra enormidad del psicoanálisis. No hay qué esperar ni a quién pedir, tampoco a quién reprochar.

Difícil cortar con el reproche: no hay Otro causa de lo que no funciona.

Pero sí de lo que cojea, susurra Lacan en Los Fundamentos del Psicoanálisis dialogando con Freud cuando afirma que cojear no es un pecado.

Desprenderse del peso de tener que darle existencia al Otro alivia pero también angustia.

Freud decía: lo único que tenemos es la vida, entonces hay que vivirla lo mejor posible. Lo dijo sabiendo que la vida no se tiene, sólo se vive.

¿Será posible dirigir hacia la vida misma esa fuerza con la que intentamos sostener al Otro como existente?

 

Mi apuesta casi un divertimento, ubica al psicoanálisis cercano a las Bellas Artes.

“Sólo hay belleza de lo efímero” sostuvieron algunos artistas. Con el esplendor, pompa, boato y circunstancia del Barroco. Las artificiosas escenografías (saludemos al pasar a Herbert Graf incluyendo en una puesta exitosísima en el escenario del Met de Nueva York a un caballo en vivo. En eso convirtió Herbert grande al temido objeto del pequeño Hans!)

Grandes montajes con magníficos decorados que valoran la fugacidad del instante (el sujeto como pura articulación de Guy Le Gaufey?) Producción destellante que inmediatamente desaparece.

Las fiestas barrocas que, como la ópera de Wagner y el teatro de la vida conjuga todas las artes.

Un arquitecto, Antonio Sant Elía sugería construir casas que duraran menos que los arquitectos. Sus construcciones de hielo serán una muestra de esto.

 

Los japoneses valoran el carácter fugaz de la vida convirtiendo la imperfección, lo perecedero, los espacios asimétricos e inacabados en aquello que hace a la obra de arte consonante con la fragilidad de la vida humana, oponiéndose a la Gloria y Eternidad de Dios.

¿No es así como se debería recibir lo que se dice en cada análisis? Una singular y enigmática obra de arte a descifrar.

 

La Música considerada como la forma de arte más efímera, sólo existe en el tiempo mientras se toca, mientras se escucha. Después queda en la memoria. Más después aun se olvida. El olvido como lo que hace falta hacer. Aquello que conduce el final de los análisis. Lo que conduce al final de la vida.