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De la novela freudiana al mito lacaniano
Apuntes estructuralistas a los mitemas de la neurosis en psicoanálisis
Mauricio González González


Ahora bien, esta exigencia de orden se encuentra en la base del pensamiento que llamamos primitivo, pero sólo por cuanto se encuentra en la de todo pensamiento.


Claude Lévi-Strauss
El pensamiento salvaje
¿Se puede dar dos veces un mismo regalo?

El pretexto que lanza la grafía de este escrito es la aparente posición solidaria de Lacan con Lévi-Strauss al abordar el caso de “El hombre de las ratas”. Aparente en cuanto a que si bien rescata la nominación de “mito individual” neurótico del visitado artículo estructuralista “La eficacia simbólica” (1987a [1949]: 222), e incluso juega con el formalismo estructuralista, Lacan destaca también puntos de diferencia, rasgos irreductibles sobre todo en lo concerniente al discurso del psicoanálisis. En otras palabras, el don de Lacan es hacer pasar por estructuralista un escrito que no se reduce a ello pero que, como don, hace lazo con el etnólogo y que, a cien años de su nacimiento, nos permitimos relanzar conmemorando los regalos levistraussianos.

Obertura


Después del trabajo que Claude Lévi-Strauss nos heredó sobre mitos, no resulta extraño que enunciar algo en torno a ellos sea, por un lado, un asunto riguroso y sistemático y, por otro, profundamente temerario, pues el grado de complejidad
que alcanzó el análisis de este material al fuego de las Mitológicas no tiene precedentes en la historia de Occidente. Asimismo, una breve explicación del quehacer estructuralista en torno al mito tiene por buen puerto al psicoanálisis que, abyecto a la disciplina y la cientificidad, reconoce el lugar del mito para la elaboración del material imposible de elaborar. Así pues, honremos la amistad de psicoanálisis con el etnólogo dando palabras, en reciprocidad, a manera de mirada sonriente hacia su mitología.


En un breve artículo aparecido originalmente en 1955 aprendimos, condensadamente, cómo las diferentes variantes de mitos registrados en regiones amplias que incluyen diversos pueblos tienen cierto tipo de transformaciones,
nítidas al ordenar sus variantes en una serie, formando una especie de grupo de permutaciones donde las variantes colocadas en ambas extremidades ofrecen, la una con respecto de la otra, una estructura simétrica pero invertida (Lévi-Strauss,
1987b [1955]: 246). Así, se denota un efecto de inversión en los polos de la serie.


Es decir, si en un extremo de las diferentes versiones tenemos una novela, en el otro aparecerá un mito. Si en una versión se apela a lo familiar, en el otro extremo habrá otra versión con referencia a lo individual y, si en uno de los polos se interpela en plural, es “natural” que en el otro extremo se lo haga de forma singular.


¿Qué es lo que subyace a este “hecho”? Que “el pensamiento mítico procede de la toma de conciencia de ciertas oposiciones y tiende a su mediación progresiva” (Ibídem.). Es decir que, al hablar Freud de “La novela familiar de los neuróticos” (1909 [1908]) dejo ya en el horizonte que Lacan hablara del “Mito individual del neurótico” (1953), pues enunciar uno implica al otro. Ambas versiones están en relación y no es posible eludirlo, tal como el psicoanálisis ha señalado sobre lo que sucede con la estructuración del yo en algunos infantes (cfr. Lacan, 2001 [1949]).


Al revisar en serie las diferentes versiones del mito se puede elucidar una cualidad inmanente a este material: todas las versiones del mito son el mito. Así pues, la búsqueda por la versión prístina del mito, la versión verdadera o la más acabada
se torna fútil, pues lo que interesa no es la verdad del mito, sino la relación que habita en cuantas versiones se tenga. El mito, al subvertir la fórmula traduttore traditore muestra de qué está hecho, sustancia que no es otra mas que la de la narración, prescindiendo de la fidelidad a un estilo, un modo o sintaxis, como sucede, por ejemplo, en la poesía (Lévi-Strauss, 1987b: 233).

 

Primer movimiento


Si bien un mito puede leerse desde sus diferentes versiones, es preciso comenzar con la lectura de cada una de las versiones, método que sin lugar a dudas debemos al apego de Lévi-Strauss a la música: para leer un mito hay que surcarle melódica y armónicamente. La melodía es aquella que obtenemos al seguir una pieza bajo su curso diacrónico, lineal y, la armonía, cuando leemos una partitura orquestal en amplitud, es decir, la partitura de todos los instrumentos involucrados en la pieza bajo un plano sincrónico de página a página. Pero ¿cuáles son las notas que seguimos en un mito? Aquí destaca la enseñanza que su amistad con Jakobson dejó: los mitemas, variante mítica de los fonemas que apelan a las unidades constitutivas del mito. Un mitema está constituido por relaciones, haces de relaciones que a través de las diferentes combinaciones adquieren un significancia. Vayamos entonces al material para ilustrar lo dicho, no sin antes hacer una advertencia, tal como Lévi-Strauss hace a los filólogos en torno del mito de Edipo, pues no pretendemos con esto dar “el sentido” del trabajo lacaniano, sino tan sólo ofrecer una lectura que emule parte del ejercicio que el propio Lacan se impuso, dando así una imagen al mejor estilo de un bricolage. Así, siendo consecuentes con la lectura sincrónica y diacrónica de los casos presentados en el “Mito individual del neurótico”, podemos establecer sus mitemas de la siguiente manera:

 

 

 

 

                             

Freud escribe el caso de

“El hombre de las ratas”.        

Casamiento ventajoso
del padre.

Renuncia al amor de
la mujer pobre

Deuda del padre con
el regimiento

 

El padre le empuja a
casarse con una mujer
rica.

 

La deuda de los
Quevedos a A, B y la
dama del correo.

 
 

El pellizco a la

sirvienta de la posada

   
   

Pago a la dama del
correo mediante un
giro

 

Freud sustituido por la
dama rica

   

Poesía y verdad de
Goethe

Hermana astuta de
Lucinda

Lucinda empobrecida Maldición de Lucinda Federica Brion
Atuendo prestigioso  Disfraz de teólogo    
 

Disfraz del mozo de
una posada

 

Franqueamiento de la
prohibición

Hermana de Federica
Brion

 

Escape precautorio
ante el objeto deseado

 
Rica Pobre Deuda Don
+ - - +

 

 

 

 

El cuadro nos permite leer los casos tal como nos guía la versión Lacan de este mito, de izquierda a derecha, desde arriba hacia abajo (melódicamente), visitando el caso de “El hombre de las ratas” y la autobiografía de Goethe. Asimismo podemos leerle por columnas y denotar los pares de oposición que así surgen (armónicamente), tal como también lo mostró Lacan. En esas oposiciones se destaca lo que ya Lévi-Strauss había denunciado en torno al objeto del mito, a saber, proporcionar un modelo lógico para dar un lugar a la contradicción. En cuanto más insalvable sea dicha contradicción, el mito tenderá a un crecimiento infinito.

Por otro lado, la frecuente repetición de secuencias en los mitos, tal como se denota en el cuadro precedente, es una de sus cualidades que hasta antes del trabajo estructuralista mostraba opacidad, pero, bajo dicho análisis la repetición se da a ver bajo una función específica: poner de manifiesto la estructura. Así, la repetición no se confunde con una reproducción o réplica, porque una repetición lo es si y sólo si repite las relaciones que pone en juego.


Los mitemas de la neurosis que este escrito contiene nos hablan de la contradicción insuperable que se establece entre pobreza y riqueza, mutuamente excluyentes pero solidarias e, hirientemente, complementarias. Más aún, muestran cómo la deuda, tal como lo mostró Marcel Mauss, maestro de Lévi-Strauss pero también de Lacan, es una irrupción en el circuito del don, circuito determinado por tres obligaciones: dar, recibir y devolver. Para el caso de “El hombre de las ratas” la deuda reside en la no devolución monetaria pero, en el caso de Goethe, en la consecuencia de haber roto el circuito de reciprocidad, es decir, la guerra o su inminencia, pues se ha negado la alianza y la comunión (cfr. Mauss, 1971 [1923-
1924]: 170).

Ahora bien, leyendo más allá del eje de las x y de las y, es decir en torno a la terceridad (z), podemos ver que la inversión hecha desde la novela freudiana al mito lacaniano no sólo es de nominación, pues hayamos en el último escrito una crítica a la posición tradicional de cómo se presentan los anudamientos en la “constelación” familiar, es decir, “el deseo incestuoso por la madre, la interdicción del padre, sus efectos de barrera y, alrededor, la proliferación de síntomas” (Lacan, 1978: 56). Lacan destacará un elemento del por qué el complejo de Edipo en sociedades como la nuestra “para nada es normativizante sino, es el caso más frecuente, patógeno”, a saber, “el padre es siempre, en algún aspecto, un padre discordante en relación a su función, un padre carente, un padre humillado” (ibídem.). Así pues, padre imaginario y simbólico están diferenciados desde la estructura y, bajo un elemento que el estructuralismo dejó de lado, por la contingencia, histórica, singular a cada caso. La radical prescripción del “caso por palabras de Barthes, es enunciado: el discurso universitario.

 

Segundo movimiento


¿Qué lugar para le mito en la actualidad? Lévi-Strauss ha señalado que no está lejos de pensar que en sociedades industriales “la historia sustituye a la mitología y desempeña la misma función, ya que para las sociedades ágrafas [término bastante bochornoso para el propio Lévi-Strauss, Derrida se lo hizo saber en su momento] y que por lo tanto carecen de archivos [tal como nosotros los concebimos] la mitología tiene por finalidad asegurar, con un alto grado de certeza [...] que el futuro permanecerá fiel al presente y al pasado” (Lévi-Strauss: 2002 [1977]: 74-75). Este hecho no es sin cierta pérdida, pues el principio de no contradicción que impone la racionalidad de la ciencia a la historia le impide bordear y bordar sobre las contradicciones sociales, culturales, subjetivas... tal como el mito lo hace, sin que por ello dejen de existir movimientos que ponen en tensión esta condición, pues es común que el mito se cuele ahí por donde la racionalidad pretende desecharle, insistiendo una y otra vez, constituyendo procesos de “remitificación” que pueden alimentar ciertos anhelos de estabilidad, limitando la mirada sobre tópicos y sus respectivos abordajes críticos (cfr. Sironneau, 1986). Esta remitificación parece dar cuenta de una variante más de eso que Agamben nombra como la consagración de un absolutamente Improfanable al que aspira la religión capitalista (2005: 107). Siguiendo a Benjamin, el filósofo italiano nos muestra cómo el capitalismo en una etapa como la actual integra todo medio hacia el consumo y el desuso, el espectáculo. La remitificación denuncia un proceso de secularización del mito, que no es otra cosa que “una forma de remoción que deja intactas las fuerzas, limitándose a desplazarlas de un lugar a otro” (ibíd.: 102), conservando el carácter inarticulable del mito sagrado a esferas no sacras, imposibilitándole un uso y, más aún, un uso inédito y exterior a la hegemonía del capitalismo tardío. No obstante, el uso que el dispositivo analítico hace del mito individual posibilita mirar, caso por caso, cómo el mito puede formar un medio que se escinde de la cooptación capitalista. No obstante, y en esto vale la pena andar despacio, este uso es sumamente acotado y no consolidado, no totalizado, ya que tarde o temprano, la constitución de otra variante mítica o, mejor aún, de otro mito advendrá y sujetará de alguna u otra forma al analizante, forma nuevamente ajena a algún potencial uso exterior a la lógica de acumulación de capital. En otras palabras, la función del mito como útil analítico desituado de la religión capitalista, subvirtiendo su lugar sacro, es puntual y evanescente, tal como se concibe al sujeto en psicoanálisis.1

Para Lacan el mito pertinente a la práctica analítica está muy bien delimitado, pues en “el psicoanálisis, al operar con el discurso que lo condiciona [....], no se obtendrá otro mito más que aquel que permanece en su discurso: el Edipo freudiano” (1993 [1970]). De esta manera deja ver cómo aún en sociedades postindustriales, a la manera salvaje, el mito de Edipo opera. Ahí donde se pueda contar hasta tres, donde exista una interdicción que marque la discontinuidad entre el acceso y la prohibición para cierta o ciertas formas de alianza (Lévi-Strauss, 1991 [1981]: 59). Lévi-Strauss, a pesar de su posición “semiológica” como le ubica Sperber a causa de sus afinidades a la lingüística estrcutural (1988 [1978]: 77-112) reconoció en Freud a alguien que conservó el “aporte espiritual” de los mitos. En La alfarera celosa, libro de 1985 reitera:

Las nuevas interpretaciones que nos da de ellos [de los mitos], las versiones originales que propone, el eco que despiertan en todas las capas de nuestra sociedad atestiguan que el mito de Edipo por no citar más que ése sigue siendo para nosotros vivo y eficaz. En ese sentido y como parecía hace treinta años, no debemos vacilar a situar a Freud después de Sófocles entre nuestras fuentes de ese mito. Las variantes producidas por Freud respetan las leyes del pensamiento mítico: obedecen a sus tensiones, aplican las mismas reglas de transformación.

(Lévi-Strauss, 2008 [1985]: 186)

Bajo el breve vistazo hecho a los mitemas lacanianos podemos afirmar la inclusiónde Jacques-Marie-Émile Lacan dentro de esa serie, serie que a partir de Freud no sólo conserva el “aporte espiritual” dek mito, sino que lo radicaliza al grado de dar cauce a cierto tipo de malestar. El mito bajo el dispositivo psicoanalítico actualmente guarda una vitalidad y vigencia imposible de soslayar en cuanto a su potencial subversivo para todo sujeto.

 

¿Se puede dar dos veces un mismo regalo? No podemos contestar sino sólo de costado: si como el mito nos muestra un regalo está compuesto por todas las versiones del regalo, una posibilidad se esboza; sin embargo, nunca puede ser el mismo, pues la mismidad de ese regalo se rompe ahí donde la singularidad de cada versión desborda la lógica de todas las demás versiones, ahí donde A ≠ A.

 

Bibliografía
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1 Con esto no queremos colocar al psicoanálisis como una práctica de liberación de las relaciones de poder, como se le quería convencer a Foucault después de unas conferencias en Brasil (cfr. Foucault, 1999 [1978]: 166-167), sino mostrar cómo el abordaje del mito individual de cada neurótico, bajo el dispositivo analítico, puede llegar a constituir un uso inédito del mito, inédito en relación al que se le asigna dentro de las condiciones estructuradas por el capitalismo. Uso límitado que impide caer en una idealización de la práctica analítica.