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La creación de las jirafas: el arte de la ficción del padre.
Por: Eduardo García Silva


“El padre simbólico es el nombre del padre”
Lacan (Seminario 4. 5/junio/1957 P. 366)


“Planteo que no puede haber definición del nombre propio sino en la medida en que percibimos la relación de la emisión nominante con algo que en su naturaleza radical es del orden de la letra”


Lacan (Seminario 9. 20/diciembre/1961)
El caso del pequeño Hans,

 

como se le conoce a partir del nombre que Freud le da al pequeño Herbert Graf ha dado mucho de qué escribir y trabajar desde el mismo momento de su publicación, hay que recordar la defensa que el mismo Freud hace ante los críticos:


“La publicación de este primer análisis realizado en un niño había provocado un escándalo grande, y una indignación mayor; le profetizaron al pobre joven una gran desgracia por haberlo <<despojado de su inocencia>> a edad tan tierna y convertido en víctima del psicoanálisis”.1


Lacan retoma el caso para abordarlo durante todo un año en el seminario que dedicaría al abordaje de las relaciones de objeto, donde va a diferenciar a partir de sus tres registros, real, simbólico e imaginario, la forma de la falta de objeto y sus
respectivos agentes.
Más allá del 100 aniversario de este caso, tenemos que preguntarnos ¿porqué sigue siendo oportuno continuar trabajando ese texto si no es porque denuncia una falla fundamental en la función paterna que hoy en día –como desde hace mucho‐ es enteramente evidente para todo aquel que tenga ojos para ver y oídos para oír?

La función paterna sigue siendo un problema y un impasse en nuestro días, los problemas en los que se regodean de puro goce muchos de los sujetos que acuden a un análisis y las formas nuevas de goce en la sexualidad muestran que algo de esa
función está atorado, no se ha producido. La función y el lugar del padre siguen sin tomar su lugar; no hay más que mirar la historia de las subjetividades en México por ejemplo, para ubicar que aquí opera más el discurso del amo que la función paterna; tal pareciera que históricamente, a partir de la llamada conquista española, los mexicanos se empeñan en buscar un amo… y lo encuentran, no hace falta más que hojear la historia de este país convulsionado por la falta de ley, por la falta del estado, por la falta de… padre.


Lo que debería de llamarnos poderosamente la atención es que muchos analistas ni se preguntan por lo que escuchan, parece que intentan a toda costa aplicar la teoría psicoanalítica a cada analizante, pareciera que piensan a priori que cada sujeto ha pasado por el Edipo más o menos de la misma forma en que la teoría nos dice deben de pasar, antes que escuchar lo que su discurso tiene para decirnos, lo que sus posiciones subjetivas pueden enseñar al psicoanálisis.
Digo que en México la gente busca y encuentra amos, no padre. ¿cuántos analistas nos hemos preguntado en verdad por qué en México se habla la lengua del invasor y se perdió la materna (el náhuatl)? Muchos pueblos como los irlandeses, los italianos, los españoles, los franceses, los alemanes, etc, no sólo hablan la lengua que en su momento unificó a su nación aunque fuera una lengua impuesta, sino que además en cada localidad continúan hablando su dialecto, su lengua materna.
¿En qué momento los mexicanos, ya no los mexicas, esos fueron diezmados; pasaron del náhuatl al español sin el más mínimo reparo? ¿por qué?. Aún más, la gente cree que aquí hablamos español, lo subrayo ¡español! cuando cualquiera que haya hecho la experiencia de cruzar palabras con un español, de viajar a España o de simplemente escuchar mínimamente un film español se da cuenta que no es la misma lengua; pidan ustedes una torta aquí y una en Madrid y me dicen si les sirven lo mismo.

¡En México se habla la lengua del invasor y todos tan felices!, sé que podrían de inmediato decirme que también se ejerce la religión del invasor y otras cosas más, de acuerdo, pero todo eso pasa igual por la palabra y la lengua y no hubieran sido posible sin la conquista de la lengua. ¿qué efectos tiene en los sujetos, en lo social, en lo inconsciente, el hecho de que un pueblo hable la lengua del invasor y haya perdido la propia?


Sólo para dar un ejemplo más antes de entrar en materia con el caso de Herbert Graf (Hans), les planteo lo siguiente: para el psicoanálisis el padre es en tanto muerto y esta es la experiencia del Edipo que Freud descubre: los deseos de muerte al padre, este es el eje sobre el cual va a articular toda la lógica del pequeño Hans, al padre se le teme porque se desea su muerte para ocupar su lugar. Al respecto, Lacan agrega que el padre, la función del padre; esa que se produce con la metáfora paterna cuando el deseo de la madre se sustituye por el Nombre del Padre, es precisamente pura función de límite al goce materno, límite de ley, es decir, se requiere que el padre en tanto Otro posea el falo que a la madre le falta y desea para que el niño no lo sea y pueda ser sujeto; sujeto a la ley, a la palabra. La articulación entre el padre de Tótem y tabú y del Edipo freudianos se da entre el lugar simbólico de uno y lo inconsciente del otro. Así pues, el padre es en tanto muerto y he ahí el mito fundacional del totemismo y el Edipo en su estatuto mítico.


Ahora bien, en México tenemos un mito que no es cualquiera porque sobre él se edificó la nación desde los mexicas, desde ese mito se instauró la práctica de ofrendar corazones al dios principal de ese pueblo, desde ese mito los mexicas fueron nombrados como tales y actualmente el centro político de México, el gentilicio mexicano y mexicana que nos nombran, se sostienen en ese mito: el mito de Copil.

Sólo que este mito tiene la peculiaridad de que a diferencia de Edipo, en él no es el padre quien es muerto sino el hijo, Copil. Huitzilopochtli da muerte a su hijo en una batalla en la que Copil intentaba vengar el honor de su madre, pues Huitzilopochtli los habría abandonado, dicho sea de paso, parece que tal figura constituye uno de los fantasmas fundamentales de los mexicanos: el padre que abandona a su familia, fantasma del padre ausente. Hay aún incidencias de las narraciones de los mitos prehispánicos en la lengua que hoy se habla, por ejemplo, el mexicanísimo ahorita vengo que el extranjero no puede entender. En el mito de Huitzilopochtli aparece esta frase cuando su madre, Coatlicue se encontraba barriendo y su hijo la anoticia de que irá a dar una vuelta; según Gutierre Tibón, el “ahorita vuelvo” puede ser una fórmula de cortesía prehispánica. “En México es común el uso de las expresiones “ahorita vuelvo” y “ya vuelvo”, las cuales no significan que el sujeto tenga intención de volver. Se trata, según parece, de una fórmula de cortesía prehispánica que ha perdurado hasta nuestros días, de un eufemismo sui generis que refleja toda una postura psicológica. En España, desde luego no se conoce. Cuando alguien nos dice:
“Ahorita vuelvo”, participamos en el juego, fingiendo creerlo, aunque sepamos perfectamente que no volveremos a verle la cara, por lo menos durante horas”2.

¿Cómo pensar la subjetivación en sujetos que podrían tener tal representación de tal padre?, ¿el padre no está muerto en ese mito fundacional de México? He ahí el ombligo (xictli) de la cuestión, para retomar la etimología del mismo mito y la etimología del nombre México. Por cierto que México, por otro lado, es una de la pocas naciones que conserva su nombre de la raíz de su lengua original, en contraste con esto, países como Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia y Bolivia tienen nombres europeos: argento, brasa, Venecia, Colón, Bolívar.3

¿Hay alguna oposición entre el mito de Copil por un lado y por el otro el del padre de la horda primordial y el Edipo? ¿falta matar al padre a los mexicanos para instaurar y respetar de una vez por todas la función de la ley? Valga pues este pequeño desvío que nos permite preguntarnos por la función paterna y la práctica del psicoanálisis en México para releer ahora, a cien años y en este país el caso del pequeño Hans y cuestionarnos una vez más este complejo significante: el padre.

Entonces la pregunta: ¿Hay padre?


Lacan nos dice que eso es lo que falla en el caso del pequeño Hans; Freud, por su parte, cree haber dado con la cuestión, a saber, es la ambivalencia del niño, o sea, el amor a su padre y el temor por desear su muerte para poder ocupar su lugar lo que abona la fobia, esa zoofobia histérica infantil4.

El padre de Hans habría resultado demasiado castrado y la fobia sería entonces ese montaje por medio del cual el pequeño Herbert (llamémosle ya por su nombre), hace aparecer la función de la castración que le hace falta desplegar a su padre, digamos que aquí el padre real no soporta al simbólico y entonces no es que el caballo sea del todo un subrogado del padre –lectura freudiana‐ porque no habría aún un padre para dirigirle el odio y el amor pues su función de castración precisamente no se ha establecido, sino que el caballo que patalea, que cae es la misma castración que el padre no soporta, o sea, no el caballo en lugar del padre, sino el caballo en el lugar del padre, uno a falta de otro no uno por otro. El caballo no es representante del padre, de Max Graf, sino que es la función fálica que se le escapa a Max, la castración le llega a Herbert de fuera, pero no desde lo real como al psicótico, sino el suceso previo al estallido de la enfermedad es la caída del caballo cuando Hans va con su mamá, ahora todos los caballos se caerían. “Esto le causó una gran impresión. Se aterrorizó mucho, creyó que el caballo estaba muerto… el padre le señala que a raíz del caballo caído no pudo menos que pensar en él, en el padre, y desear que se cayese y quedase muerto” 5

Pues sí, pero lo que sucede es que Herbert ve en el caballo tirado al padre caído y eso es lo que le aterra pues requiere de un padre erguido que imponga su ley; el caballo anuncia la falla del padre, más que el subrogado del padre es la caída de esa
función que Max Graf no sostiene ni de la que se sostiene, cae, se raja. (la palabra que emplea Freud es Umfallen, que significa caer pero también significa rajarse, claudicar, desplomarze). Luego entonces, no teme al caballo porque éste lo muerda, sino que teme la falta del padre y precisa que éste lo “muerda”, el caballo hace lo que el padre no, el caballo es el padre que muerde, es el padre que su padre no es y cada caída del caballo es la falta del padre no el padre, es el padre gefallen (caído).
¿Hay padre?, el caballo soporta una función a falta de padre y por excedente de madre, quien parece tener el falo, y ahí el falo es Herbert, he ahí el motivo de su angustia.


Los historiales más amplios trabajados por Freud con pacientes varones hacen aparecer en el centro de la lógica de la neurosis y la cura dos cosas:

1.‐ en todos aparece como central la problemática de la función paterna, y
2.‐ aparece siempre la figura de un animal en el lugar del padre, al menos en relación con su problemática: los lobos en Sergei Pankiaiev, las ratas en Ernest Lorenz (el hombre de los lobos), y el caballo en Herbert Graf, el pequeño Hans.

Como si la zoofobia fuese una manera de articular eso que de la función paterna cayó porque quien se supone que debía de sostenerla no lo hizo.


Ahora bien, ¿cómo podemos leer la falla de la función paterna?, de entrada habría dos posibilidades.


1ª.‐ En el caso de las psicosis. Ahí Lacan siguiendo a Freud nos dice que se trata del significante Nombre‐del‐Padre que vuelve desde lo real porque no fue inscrito en lo simbólico; es decir, que si el Nombre‐del‐Padre es el significante que sustituye al deseo de la madre que es a su vez un deseo de no se sabe qué, lo que se dice un enigma, donde el niño queda atrapado representando eso que la madre desea en tanto su falo; el Nombre‐del‐Padre hará a partir de ahí de significante primordial pues al significar el deseo de la madre, sea lo que eso sea, ofrece ya la posibilidad de sentido; donde había enigma aparece un nombre, un hombre que tiene lo que falta a la madre; ahí mismo es cuando la madre deja de ser ese Otro para que sea el padre quien asuma esa función. Ese falo del Otro, del padre, despeja el enigma del deseo como inefable salvando al niño en ese mismo movimiento en la medida en que si el falo lo tiene el Otro entonces el niño no tiene que serlo; aquí para nada es lo mismo ser que tener el falo. Pues bien, esa función falla en la psicosis porque la madre se queda con su niño‐falo sin darle un lugar al padre para que los separta; la metáfora paterna no se ha producido.

2º.‐ En el caso de la neurosis. Es sabido que tanto para Freud como para Lacan la neurosis se sostiene en la Verdrängung, en el no querer saber de la castración, en el no querer saber de la falta. Si la metáfora paterna llega a buen puerto, el niño habrá sido separado de la madre, estará en falta pues a él mismo se le ha quitado a la madre, su pecho, en fin, su objeto que lo completaba6. 

Así el niño queda castrado por el Otro, por el padre. Ahora bien, si a partir de ahí se produce la represión como un no querer saber de eso, entonces ¿podríamos decir que realmente el padre ha hecho su función de manera exitosa?, ¿por qué si se ha instaurado una ley –la de la interdicción al incesto‐ el sujeto la reprime? ¿es posible que tal ley sea reprimida si fue eficaz? ¿no acaso la neurosis pone de manifiesto que el objeto pequeño “a” producido por el corte se quedó suspendido en su caída en tanto faltante; no es eso lo que sucede al neurótico cuando no quiere saber de la falta, cuando la reprime? Es decir, se produjo el corte pero no la caída. Al menos eso es lo que se desprende de la dirección de un análisis, que al final el objeto que no hay caiga a su lugar, o sea, que la falta tome su lugar que le corresponde en lugar de que el sujeto se siga empeñando en reprimirla, denegarla, desmentirla; ¿no es eso el fin de análisis, que el sujeto asuma su falta, se sepa castrado y haga con eso que no hay algo inédito, diferente a lo que venía haciendo en la medida en que la padecía y gozaba de ella?, ¿no es eso que el gozante devenga en deseante según una feliz expresión de Lacan para referirse al fin de análisis?

Es que el análisis es el camino y el proceso que se recorre para que ese corte se produzca al fin, para que la falta caiga en tanto falta y se pase a lo siguiente en lugar de continuar in‐virtiendo la vida en la defensa ante dicha falta de un objeto inexistente, in‐ex ‐istente.
Si esto es así, entonces me parece que podemos decir que la metáfora paterna logró en su momento introducir la separtición y entonces la castración, pero esa castración quedó como huella de un objeto in‐ex ‐istente, suspendido como apéndice del sujeto que se putrefacta mientras el sujeto no quiere soltar eso que no tiene, soltarlo a ese lugar de falta que la función paterna produjo pero ante lo que no puede hacer mucho porque no tiene otro objeto para ofrecer en su lugar, así pues la paradoja sería que para que dicha función paterna sea eficaz tiene que fallar; el padre no puede dar ese objeto porque no existe, el falo del padre es un semblante que sólo se sostiene porque la madre apunta su deseo hacia él, hacia el padre y eso es lo que le da su potencia; en todo caso lo único que da –y no es poca cosa‐ es la posibilidad del nombre, Nombre‐del‐Padre, significante que anuncia a la función misma.

Es por eso que Lacan nos dice que el padre es simbólico, es una compleja función que hay que aprehender:

“Que el padre, por ejemplo, sea el verdadero agente de la procreación, no es en ningún caso una verdad de experiencia” 7
más adelante:


“lo importante, en efecto, no es que la gente acepte perfectamente que una mujer no puede dar a luz salvo cuando ha realizado un coito, es que se sancione en un significante que aquel con quien ha practicado el coito es el padre“ 8
y más adelante: “La posición del padre como simbólico no depende del hecho de que la gente haya reconocido más o menos la necesidad de una determinada secuencia de acontecimientos tan distintos como un coito y un alumbramiento. La posición del NombredelPadre, la calificación del padre como procreador, es un asunto que se
sitúa en el nivel simbólico”9
El Nombre‐del‐Padre es toda posibilidad de nominación, el sujeto será fulanito porque hay algo del deseo del Otro que le confiere un lugar en su deseo mismo. El nombre es límite a lo real porque es lo más cercano a lo real ya que todo nombre no significa nada, su función es sólo significante no de significado. El nombre amarra lo real, es palabra sin sentido, salvo el que se le supone donde se juega el enigmas del ser del sujeto.

Es puro significante y como todo significante no significa nada, sería preciso anudar ese significante a un segundo significante para  que pueda existir cualquier posibilidad de significación pues el nombre en tanto significante sólo representa a un sujeto ante otro significante.

Entonces la metáfora paterna falla ahí donde tuvo éxito. Logró hacer surgir a un sujeto que no querrá saber nada de ese origen y que arrastrará o cargará desde entonces lo que le falta, hasta que se permita soltar tamaña carga, –pura nada, pura falta‐ , al lugar que le corresponde: no existe El Objeto; y por eso hay palabra. Ya con este avance podemos ver claramente como Herbert Graf se juega todo el tiempo la posibilidad de ser ante un padre demasiado bueno, demasiado castrado, ante un padre a quien le pide que se folle un poco más a su madre según palabras de Lacan:


“Digamos que en este momento, Juanito le explica a su padre –Méteselo de una vez por todas donde hace falta”10
más adelante: 

“Juanito le dice a su padre –Fóllatela un poco más mientras que mi paciente le dice – Fóllatela un poco menos”.11
Herbert Graf se la pasa pidiéndole a su padre que tome su lugar ante él y su madre, digamos entre él y su madre.

 

Asistimos al intento desesperado de Herbert de hacerse un nombre ahí donde su padre no le da el suyo, pues él mismo rehúsa esa posibilidad. Herbert tendrá que hacer poesía, tendrá que crear lo que su padre no puede transmitir: un nombre, y en la medida en que ese nombre es el Nombre‐del‐Padre, lo hará pasar ayudándose del tótem, pero más que del caballo, será de las jirafas, lo veremos a continuación.

La forma en que Freud inicia el texto sobre Hans sugiere una doble autoridad: la paterna y la médica. Se trataría de una dificultad para que Herbert lograra introducirse del todo a la función simbólica que la metáfora paterna articula después que la presencia‐ausencia de la madre estableció la base primordial para tal función; así, Herbert tiene ya el antecedente –y por eso no es psicótico‐ que le permitirá dar el siguiente paso y dejar de ser él mismo el objeto de la madre, su falo, para representárselo en el Otro del padre, el problema es que ese padre no acaba de llenar esa función que anuncie al niño que él tiene lo que la madre desea más allá de él mismo (el niño), por lo que el niño podría dormir tranquilo sabiendo que las fauces del cocodrilo no se cerrarán con él dentro, sino que hay una varita que las mantiene abiertas: el falo del padre. El pasaje de la madre simbólica a la real ya está dado así como el objeto inicialmente real, el pecho de la madre ha devenido ya en simbólico, don de la madre, la madre da, hace falta ahora que ese ser sea despojado de tal omnipotencia por medio del padre, he ahí el impasse, la madre retiene a su falo‐niño en tanto que el niño no es al ser objeto de goce del otro materno.


En algún momento la cosa se pone verdaderamente negra, a saber, lo schwarz (negro) se anuncia en los calzones negros de la madre para sus excursiones en bicicleta, pero como velo anuncian lo negro sin más metáfora: puro negro, aunque el padre se desvive queriendo encontrar un sentido al color: correajes, bigote, barba. En lo schwarz no hay objeto más que en falta, el de la madre que no ha podido ser metaforizado por el nombre del padre. Un negro enigma.

 

El niño hace intentos por inscribir a la letra el Nombre‐del‐Padre, Herbert haceintentos por escribir su propio nombre, las palabras son un medio privilegiado para él. El problema no es que el padre aparezca como el castrador como Freud piensa en algún momento, sino que precisamente no está y es por eso que Herbert puede ir, estar y regresar siempre con su mami.

 O nein, ; ich kann ja immer noch zur Mama kommen”12

Esta frase del niño resulta muy llamativa pues aparece algo que nos esclarece que él ya sabe que eso no debe de ser así, digamos que ya no debe seguir siendo así; está el immer noch que se traduce por aún, o por aún puedo siempre, es una palabra que tiene todo su peso y que la traducción de Amorrortu excluye: aún13. Este Herbert llamado Hans por Freud se juega el nombre. Por cierto, cosa curiosa, en Alemania y Austria existe la expresión Ich will Hans, literalmente “quiero a
Hans”, pero que tiene el sentido de cuando alguien se pone un reto, acepta un reto, se propone algo o cree con toda su fe en algo, es lo que en México decimos “o me dejo de llamar Fulano de tal”.
La fantasía de las dos jirafas.
Es pues un hecho que la función del padre cojea para el pequeño Herbert, no sabe aún si es el padre o la madre quien trae a los hijos al mundo, no se han establecido las formas de la sexuación; lo podemos leer con toda su claridad en la escritura del
propio Freud:

Man merkt es deutlich, wie das Glück in der Phantasie noch durch die Unsicherheit über die Rolle des Vaters und die Zweifel an der Beherrschung des Kinderskriegens gestört wird”.14


La traducción de Amorrotu dice: 

“Se nota con claridad cómo la felicidad en la fantasía se le estropea aún por la incerteza acerca del papel del padre y la duda sobre quien gobierna la obtención de los hijos”15

Esa Unsicherheit se traduce tanto por incerteza, incertidumbre, como por inseguridad y estamos de acuerdo en que Herbert está inseguro en las fauces de su madre. Es preciso que el padre dé señales de vida, al menos que se encuentre ¡un poco celoso!; pero nada, el buen Max, padre de Herbert le hace saber que no hay ningún problema, que ni siquiera está celoso, por eso Herbert tiene que inventarse y suponer esa posición del padre como si fuera verdad, como verdadera ante la falta de respuesta de este. Herbert le enseña a ser padre a su padre por más que este resiste a ese lugar.
Veamos:


Max: “¿Te gustaría mucho entonces quedarte con mami?”
Herbert: “¡Sí!”
Max: “En verdad, ¿por qué echo pestes yo?”
Herbert: “No lo sé” (!!)
Max: “¿Por qué?”
Herbert: “Porque estás celoso”
Max: “Eso no es verdad”

Herbert: sí, es verdad, estás celoso, lo sé. Eso tiene que ser verdad”16
Notemos cómo el padre rechaza ese lugar que su hijo no sólo le ofrece sino que le exige; lo notamos en dos formas: en primer lugar en la denegación en Max Graf al decir “eso sí que no es verdad”, acentuación de la denegación que se pierde en la traducción (“Eso no es verdad”):

H:”Weil du eifern tust”
M:”Das ist doch nicht wahr”
H:”Ja, das ist wahr, du tust eifern, das weiβ ich. Das muss wahr sein”17

Y en segundo lugar lo notamos en la afirmación de Herbert ante la denegación de su padre cuando responde “Eso tiene que ser verdad”.
Herbert supone una verdad que al padre le falta, una verdad que el padre no puede sostener: los celos del padre, su rivalidad, esa que no acaba de inscribirse, esa que establecería la interdicción al incesto y metería un poco de orden en el caos que vive Herbert al punto de no saber aún quien tiene el gobierno de la obtención de los hijos.


Ahora bien, si la verdad tiene estructura de ficción según Lacan, es el propio Herbert quien se la inventa, quien la crea a partir de la fantasía de las jirafas, pues sucede que un día va y le cuenta a su padre lo siguiente:

“En la noche había en la habitación una jirafa (Giraffe) grande y una jirafa arrugada, y la grande ha gritado porque yo le he quitado la arrugada. Luego dejó de gritar, y entonces yo me he sentado encima de la jirafa arrugada”.18

El padre de Herbert cree dar con la interpretación de la fantasía al decir que él es la jirafa (Giraffe) grande y se aventura aún al sentido fálico ”La gran jifara soy yo, o más bien el pene grande (el cuello largo); la jirafa arrugada, mi mujer”.19


Sin embargo, sólo un poco después, el 29 de marzo que viaja con su hijo a Lainz se despide de su mujer “en broma” (¡!): “Adiós jirafa grande”20, ¿en qué quedamos? ¿no acababa de interpretar según la fantasía de su hijo que él era la jirafa grande? ¿por qué hace esta broma que pone a su mujer en el lugar de ese pene grande (el cuello largo)?, ¿qué incidencias tiene esta broma que se hace como si fuera cualquier cosa?


„Die groβe Giraffe bin ich, respektive der groβe Penis“ (la jirafa grande soy yo). Max Graf dixit.
„Mammi ist die groβe Giraffe“ (Mami es la jirafa grande) Max Graff dixit.

¿Cómo va a saber así el pequeño Herbert quien hace de padre ahí?
No obstante, Herbert insiste en hacer pasar el Nombre‐del‐Padre y ahí la función de la letra es fundamental. Hay sólo una puntuación para que eso produzca anunciando literalmente el Nombre‐del‐Padre, en este caso el apellido paterno, a saber, Graf, pues jirafa, Giraffe, contiene ya al nombre del padre aunque el padre lo rehúsa y se lo pasa a la madre, ella es la Giraffe grande, la Graf.


Así Giraffe (jirafa) es el nombre del padre y por lo tanto el del mismo Herbert quien tendría que recibirlo de su padre si este no fuera tan bromista.

He ahí la creación, la invención de Herbert, Freud la llama Dichtung (Giraffedichtung) , palabra que se traduce igualmente por creación en el sentido poético. La invención de las jirafas se lee así como creación de las Giraffen, creación del Nombre‐del‐Padre, poesía pura; arte. Dichtung comparte esta etimología y Freud la emplea en su texto de “El fantaseo y el creador literario”21 (Der Dichter und das Phantasieren).


Nada impide leer al pequeño Hans de Freud, como un creador. Por cierto que Max Graf fue uno de los participantes en la sociedad de los miércoles y contribuyó con conferencias y escritos “particularmente vinculados a la "metodología de la psicología de los poetas " y reflexiones sobre la música y el arte en general”22

Ese arte de Herbert, realiza la ficción paterna en su estatuto de verdad (eso tiene que ser verdad) ahí donde la metáfora paterna no es sostenida por su padre, el buen Max, quien se dedicaría posteriormente a la música, arte que toma el lugar que antes el psicoanálisis ocupaba en su deseo.


Aún más, Herbert se convierte en músico también, específicamente director de orquesta. ¿Podría decirse que siguió los pasos de su padre?, quizá en la medida en que él se lo inventó y lo sostuvo como ficción, ficción de un padre potente y fálico tanto más real cuanto que sabemos que eso no era en realidad. Precisemos además que el rol jugado por Freud ahí fue crucial para que ese lugar simbólico del padre se lograra. Y fue gracias a que Max le escribía con singular entusiasmo a Herr Professor de quien le hablaba tanto a su hijo, sin mencionar además que en su cumpleaños Herbert recibió de Freud como regalo… un caballo de juguete, una mecedora en forma de caballo. ¿de quién era la cosa negra alrededor de los caballos que tanto el padre como Freud suponen como bigote y barba?

La cuestión del nombre fue un eje crucial en el análisis de Herbert, el pequeño se esforzó cuanto pudo en sostener una función que al padre le faltaba para que algo de su nombre se transmitiera. Giraffe ⇒ Graf. Casi me atrevo a decir que si hubo
algún autoanálisis fue el del pequeño Herbert quien pudo, mediante su creación valerse del Nombre‐del‐Padre para prescindir de él.


“La hipótesis del inconsciente, como subraya Freud, sólo puede sostenerse si se supone el NombredelPadre.
Suponer el NombredelPadre, ciertamente es Dios. Por eso, si el psicoanálisis prospera, prueba además que se puede prescindir del NombredelPadre.

Se puede prescindir de él con la condición de utilizarlo”.23

El padre deja caer la batuta y Herbert se apresura a tomarla para devolvérsela, es desde ese momento que se convierte ya en director de orquesta, profesión a la que se dedicará efectivamente el resto de su vida. Tiene que dirigir los instrumentos de orquesta y sigue siendo un gran seductor, hay que leer nada más la dedicatoria que hace a la viuda de Gustav Mahler, otro paciente de Freud por cierto,: “Para la primera dama del mundo musical, Alma Maria Mahler Werfel, con mis mejores deseos, devotamente: Herbert Graf” (la traducción es mia)24, y hay que ver la entrevista que le hacen en Milan con el motivo de su participación como director de orquesta en la presentación de María Callas: “en mi opinión ella es la mejor intérprete que hay hoy en día en Europa” “in meiner Meinung die beste Sängerdarstellerin die ist heute gibt doch in Europa”25.

La fobia de Herbert ocupa pues, como ya sabemos, el lugar que el padre rehúsa y es así también su síntoma, el de su padre, dado que la castración que le impide al padre sostener la función fálica, requisito simbólico para que su hijo sepa algo del ser‐padre con lo cual luego identificarse, la fobia es de alguna forma entonces síntoma del padre en tanto Edipo no realizado, es por eso que el Nombre‐del‐Padre se atora y es ahí, en ese impasse donde una creación realmente artística libera el Nombre‐del‐Padre, a la letra para que entonces el falo pueda ex –sistir más allá del propio Herbert (el cuello largo es la imagen que articula la función simbólica del nombre inscribiendo lo real de la letra por medio de él. Todo un pasaje por el Edipo).

Lacan: “El complejo de Edipo es como tal un síntoma. Todo se sostiene en la medida en que el Nombre del Padre es también el Padre del Nombre, lo que vuelve igualmente necesario el síntoma”26

Por eso es que una vez que la Giraffe produce el Nombre del Padre, Herbert puede expresar sus deseos incestuoso por su madre pues ahora ya hay una barrera ante el incesto que se lo permite. Al respecto tendríamos que preguntarnos si la jirafa chica no es también Herbert mismo, el pequeño Giraffe, el pequeño Graf que toma su nombre en la medida en que se lo ha quitado al otro que no quería o no podía darlo (Max: ¿por qué ha gritado la grande? H: porque yo le he quitado la pequeña).

La Giraffe no se lee aquí como un símbolo a la manera de la Traumdeutung sino en su función de letra.

¿Por qué Hans? Una hipótesis.

Por último una hipótesis sobre la elección del nombre de Hans hecho por Freud. Dicha hipótesis muestra solamente una impresionante correspondencia entre el historial clínico y una canción infantil de dominio popular, tanto como Cri‐Crí lo fue en México durante años. Dicha canción era ya famosa para 1909 en lo que ahora es Alemania y Austria. La canción se llama Hänschen klein, literalmente Pequeño Juanito.

Existen varias versiones, originalmente se trata de un niño que se va de su casa y regresa como el hombre de la misma tiempo después, en dicha versión habrían pasado 7 años; en otra versión el niño regresa inmediatamente debido a que su madre llora al haber sido abandonada por él, en esta versión el pequeño Juanito tiene incluso una hermana menor.

La letra resulta sugerente en algunas partes donde sombrero y bastón aparecen haciendo referencia a lo que el niño requiere para irse y que le sientan bien. Hay que recordar que primero Herbert dice que la cigüeña tenía un sombrero para de inmediato corregir y decir que no tenía ningún sombrero:
“La cigüeña (der Storch) se puso el sombrero cuando trajo a Hanna”, “no, sombrero no tenía”.27 P.60.
“und dann hat er sich den Hut genommen, … nein, Hut hat er nicht gehabt” s.65. y en la canción: Stock und Hut stehn ihm gut (bastón y sombrero le sientan bien).

Veamos qué dice la canción:


Franz Wiedemann 1821-1882
Pequeño Juanito
Se fue sólo
Al basto mundo
Bastón y sombrero
Le sientan bien
Está de buen ánimo
Pero su madre mucho llora
ya no tiene más a su Juanito ahora
te deseo suerte
dice su mirada
vuelve pronto

siete años melancólico y bien, estuvo Juanito fuera
entonces el niño lo piensa bien y se apresura pronto a casa
ya no es más un Juanito, no, un Juan grande es
frente y mano quemadas por el sol
¿lo reconocerán?
Uno, dos, tres, pasan sin reconocerlo
No saben ¿quién podrá ser?
La hermana dice: ¿qué cara?
No conoce al hermano
Viene su madre y apenas lo vio
Exclama: “¡Hans, hijo mío! ¡! ¡mi hijo!“
Querida mamá, estoy aquí
Yo tu Juanito lara-lara-la
Créeme, me quedaré
Ya no me iré de aquí
Y la madre mucho se alegra
Y Juanito aún más
Porque. Como ustedes saben
Es tan lindo estar con ella.28
(En esta canción no hay padre)
Letra original:
Hänschen klein
Geht allein
In die weite Welt hinein.
Stock und Hut
Steht im gut,
Ist gar wohlgemut.
Aber Mutter weinet sehr,
Hat ja nun kein Hänschen mehr!
"Wünsch dir Glück!"
Sagt ihr Blick,
"Kehr' nur bald zurück!"
Sieben Jahr Trüb und klar Hänschen in der Fremde war.
Da besinnt Sich das Kind, Eilt nach Haus geschwind.
Doch nun ist's kein Hänschen mehr. Nein, ein großer Hans ist er.
Braun gebrannt Stirn und Hand.
Wird er wohl erkannt?
Eins, zwei, drei Geh'n vorbei,
Wissen nicht, wer das wohl sei.
Schwester spricht: "Welch Gesicht?"
Kennt den Bruder nicht.

Kommt daher die Mutter sein, Schaut ihm kaum ins Aug hinein,
Ruft sie schon: "Hans, mein Sohn! Grüß dich Gott, mein Sohn!"
Lieb Mama, ich bin da,
ich, dein Hänschen hoppsassa!
Glaube mir, ich bleib hier
Geh nicht mehr fort von dir
Da freut sich die Mutter sehr,
und das Hänschen noch viel mehr
denn es ist, wie ihr wisst,
gar so schön bei ihr.

No sería nada raro que Freud diera el nombre de el pequeño Hans, (der Kleine Hans) en asociación de esta canción Hänschen klein; sin embargo queda esta hipótesis como una ocurrencia mía por supuesto. No obstante, si tal fuera el caso, asistimos al nacimiento de un sujeto que de ser objeto cantado por el Otro (Volksliede) (canción popular), pasó a dirigir las partituras de la orquesta, la letra musical. La Giraffe, la Graf grande dejó de gritar y él se sentó, tomó posesión de la pequeña Giraffe, del pequeño Graf, tomo posesión de su nombre en tanto Nombredel‐ Padre. Herbert sabía leer y supo escribir e inscribir su nombre en el arte musical.

 

 

1 Freud, S. (1909) Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrortu editores, Bs. As. Argentina p.118.

2 Gutierre Tibón 1975 (2005). Historia del nombre y de la fundación de México. Fondo de Cultura
Económica. México, D.F. p. 24.
3 op cit. P.89

4 Freud, S. (1925) Inhibición, síntoma y angustia. Tomo XX, Obras completas, Amorrortu editores;
Bs. As. Argentina. P.99

5 Freud, S.(1909) Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrortu editores, Bs. As. Argentina. p. 102.

6 Teniendo siempre en cuenta que la madre y el pecho no son lo mismo. De hecho el corte no se
produce entre el niño y su madre, sino entre el niño y el pecho de la madre, pues éste era
considerado como propio.

7 Lacan, J. (1958). El seminario 5, Las formaciones del inconsciente. Sesión del 22 de enero de 1958
llamada por Miller “Los tres tiempos del Edipo”. Editorial Paidós, Bs. As. Argentina. p186
8 Op cit. p.187.
9 Idem.

10 Lacan, J. (1957) El seminario 4. La relación de objeto. Sesión del 5 de junio de 1957, llamada por
Miller “Las bragas de la madre y la carencia del padre”. Editorial Paidós, Bs. As. Argentina. p. 363.
11 Op cit. p. 364

12 Freud, S.(1909) Zwei Kinderneurosen. Bd VIII. Studienausgabe. Fischer Verlag. Frankfurt am
Main, Deutschland. s.46
13 Freud, s.(1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrotu editores. La traducción reza: “Oh no! Siempre puedo volver donde está mamá”,
p.41

14 Freud, S.(1909) Zwei Kinderneurosen. Bd VIII. Studienausgabe. Fischer Verlag. Frankfurt am
Main, Deutschland. S. 82.
15 Freud, s.(1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrotu editores. p. 77

16 Freud, S.(1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrotu editores. p. 69. (Las negritas son mias)
17 Freud, S.(1909) Zwei Kinderneurosen. Bd VIII. Studienausgabe. Fischer Verlag. Frankfurt am
Main, Deutschland. S. 74. (Las negritas son mias)

18 Freud, S.(1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrotu editores. p. 32.
19 op cit. p. 34
20 op. cit. p.35

21 Fredu, S. (1907) El fantaseo y el creador literario. En tomo IX, Obras completas, Amorrortu
editores. Bs. As. Argentina. p.125
22 Véase “Obras de Max Graf” en Fort‐da, Revista de psicoanálisis con niños. http://www.fortda.
org/

23 Lacan, J. (1975‐1976). El seminario 23. El sinthome. Editorial Paidós. Argentina. p.133
24 Ver imagen en la pagina 21.
25 La traducción es mía. Se puede ver la entrevista en
http://www.youtube.com/watch?v=etDIlvodJM8

26 Op cit. p. 23

27 Freud, S.(1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans). Tomo X, Obras
completas, Amorrotu editores. p. 60.

28 La traducción es mía.