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Freud: Aufwühler1 del inframundo.
Por: Eduardo García Silva.


“Dios es el eco de nuestro grito de dolor.”
Ludwig Feuerbach2
La esencia del cristianismo
Desde que el hombre es hombre … y la mujer, mujer, existe el deseo de felicidad absoluta, la idea de un paraíso que representa bienestar igualmente absoluto donde nada haría falta: satisfacción total. Ahora, gracias al psicoanálisis estamos advertidos de que no hay nada más ominoso que tal estado.


En tiempos aún corteses; quizá los más corteses que ha conocido la humanidad; apareció un hombre que nos anunció la mala nueva; nos advirtió que tal felicidad sería siempre instantánea y pasajera; nos anunció que la satisfacción es mortal y que el amor cojea; que el odio no es menos importante que el amor y que constituyen ambos el ir y venir cotidiano del sufrir neurótico común; pues sí, como decimos en México: “son cosas que el amor-dio”. Pero tales mordidas no han dejado de seducir por mucho que duelan, no han dejado de causar sus efectos ni de efectuar sus causas. Desde entonces fueron muchas las voces que se alzaron contra este buen hombre que no cesó de denunciar que la falta nos habita desde que tenemos la posibilidad de ser; es más, que sin falta simplemente no somos. ¡¿cómo iba a ser posible que se aceptara sin tapujos que estamos todos atravesados por la castración?!, no faltó nunca quien quisiera ridiculizar al psicoanálisis; tampoco hoy falta.


1 “Agitador”. (Todas las referencias al alemán están tomadas con dos criterios: 1o.- La traducción se ha corroborado del Diccionario Alemán-Español, editorial Océano Langenscheidt y del Diccionario Alemán-Alemán de la misma editorial; 2º.- A partir de ahí soy enteramente responsable del juego de palabras entre el alemán y el español y del propio alemán en su polisemia y equívoco; es decir me responsabilizo del juego significante que puede producirse al abordar así los términos germanos).

2 Filósofo alemán (1804-1872), situó la psicología religiosa en el espacio teórico correspondiente a la religión ortodoxa y desarrolló una de las primeras filosofías materialistas de Alemania. Nacido en Landshut y educado en Berlín y en Erlangen, fue alumno del eminente filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuyo idealismo filosófico rechazó más adelante.
En su obra clave “La esencia del cristianismo” (1841), Feuerbach sostiene que la existencia de la religión sólo es justificable en tanto que satisface una necesidad psicológica; la preocupación esencial de la persona guarda relación con uno mismo y el culto a Dios no consiste más que en la idealización de uno mismo.
www.colegiodepsicoanalisislacaniano.com Eventos/Memorias/A 150 años del natalicio de Freud Desde la manera más cordial y más atenta hasta la más grosera y agresiva, hubo siempre quien le quisiera callar la boca a este de-enunciante:

“¡halt den Mund!” (“¡càllate la boca!”) le habrían dicho en su idioma, pero resulta que esta Mund (boca) estaba dispuesta al Sieg (victoria), una boca dispuesta a la victoria, y en tal contexto, a ser más victoriosa que victoriana. Este hombre de quien esta boca victoriosa –esta Siegmund- que anuncia ya su nombre con todas sus letras, supo sostenerse y supo precisamente triunfar ahí donde el paranoico fracasaba, ¿cómo lo logró?.

Él estaba ya atravesado por esa misma falta que pudo leer en las formaciones histéricas y demás neurosis, la diferencia entre él y los otros, es que lejos de pretender colmar dicha falta, asumió todas sus implicaciones. Se permitió un viaje dantesco y descendió al inframundo cuando se dio cuenta que no había otra forma de conocer a los demonios; pero apostó a volver.
Ante los embates más fuertes, ante las dudas más persistentes, ante las críticas más feroces y ante los fracasos más contundentes sostuvo su deseo; pero fue a partir de su trabajo con los sueños que ganó una trinchera inexpugnable para sí mismo, a la que volvía cada vez que le flaqueaban las fuerzas y su confianza era diezmada por los nuevos obstáculos que se le presentaban. Me parece claro que ese hombre sí tuvo un sueño, sueño que lo despertó ante su deseo, aunque no podemos decir que su vida fue tranquila; ¿pero quién tiene una vida tranquila después de hacer un análisis? ¿quién que sea habitado por un deseo puede estar tranquilo o ser feliz?.


Desde entonces muchos han confundido al psicoanálisis con una posibilidad para ser feliz al punto que lo han llevado al terreno exclusivo de lo terapéutico y han intentado ponerlo al servicio de otras disciplinas: la psiquiatría, la psicología, la pedagogía, la sociología, etc; y es que tal ha sido su influencia en el quehacer humano. Pero el psicoanálisis no es exclusividad de la terapéutica; un análisis es un análisis, y sabemos que al final del mismo no se puede hablar de un sujeto feliz; pero sí habrá la gran ventaja de poder hablar de un sujeto en la medida en que lo habrá, y entonces sería mejor decir
que al final habrá un sujeto que pueda hablar a título propio desde su deseo, www.colegiodepsicoanalisislacaniano.com Eventos/Memorias/A 150 años del natalicio de Freud será alguien que dé valor sus palabras, un sujeto que efectúe un acto con su decir, que triunfe donde fracase el paranoico, que su boca sea victoriosa, que sea una Siegmund; no que sea como Sigmund, eso sería pura identificación imaginaria. Lograr una Siegmund (así, con la “e”)3 a partir de la posición analizante inaugurada por Freud: eso es transferencia, ahí algo se habrá transmitido de aquél deseo inaugural sostenido por un sueño; tal me parece que es la lectura posible que hagamos quienes estamos convocados por el psicoanálisis, es decir, será la posibilidad que cada uno haga algo con lo que su sueño le señale, será su propia Traumdeutung4, a cada quien le corresponderá seguirla o no, asumirla o no, sostener su deseo o no, soñar o no.

A ciento cincuenta años del natalicio de Freud y a ciento siete de su Traumdeutung, seguimos teniendo temor de descender a nuestro propio inframundo, quizá por eso lo imaginario se presenta cada vez más encarnizado; pues literalmente se ha pasado de la constitución simbólica de la falta y el deseo al intento de satisfacción imaginaria que se apuntala incluso en lo real del cuerpo, donde ahora las histéricas freudianas ceden su lugar a las estructuras psicóticas que intentan alcanzar su ideal con la transformación real del cuerpo, se prefiere la cirugía plástica en todas sus modalidades al psicoanálisis; es mejor que el Otro intervenga en el órgano, el miembro, el hueso o donde sea que haya algo del cuerpo que no guste, para cambiarlo, modificarlo o desaparecerlo con la magia de la tecnología moderna a que el sujeto se pregunte por ejemplo por qué está gordo o flaca, o estando flaca se sienta gorda –mejor el arillo en el estómago-, o por qué no le gusta el color de su piel, la forma de sus ojos, o peor aún, preguntarse por qué no puede soportar (literalmente) una piel que se comienza a arrugar, como si eso fuese 3 En alemán existe una total homofonía entre “Sieg” y “Sig”.

La primera se traduce como “victoria”, mientras que la segunda no existe en realidad; sin embargo, sabemos que Freud adoptó este prefijo para su nombre más o menos en 1873, al ingresar a la universidad de Viena, antes escribía su nombre como realmente se lo habían puesto al nacer: Sigismund; sólo hasta esa fecha suprimió el “is” para dejar el “Sig”. Véase “Freud: una vida de nuestro tiempo” de Peter Gay, Paidós.


4 Agradezco a Andreas Ilg su señalamiento en la polisemia y la articulación de la Deutung como “señalamiento” y que me haya compartido la observación de que Freud nunca dijo Interpretation, y por ende, nunca escribió una Interpretation dem Träumen, a pesar de que en alemán existe tal palabra y es mucho más socorrida al hablar de interpretación, mientras que la Deutung posee otros sentidos, ¿por qué Freud no empleó Interpretation sino Deutung? 

www.colegiodepsicoanalisislacaniano.com Eventos/Memorias/A 150 años del natalicio de Freud patológico; en suma, cuando el sujeto no puede soportar su vida (tanto aguantarla como darle soporte a su vivir), prefiere esa intervención desde el campo del Otro al servicio de la función imaginaria, que preguntarse por su deseo, por su falta y cuestionar su posición gozante. Temor, digo, a descender al propio inframundo; pero, al fin humanos, al mismo tiempo estamos siempre seducidos a hacerlo; hay algo infernal que siempre nos llama, algo unheimliche 5que nos convoca a traerlo a la superficie; de hecho, esas cosas infernales no suelen esperarnos para emerger, y debido a que se deslizan sobre una banda de mohebius pasan así desde nuestro más interno y profundo inframundo hasta la superficie de nuestra piel y hasta llegan a poseer nuestro cuerpo en eso que Freud identificó como zonas erógenas e histerógenas, ahí donde encontró su lugar en el síntoma conversivo lo real de la castración que no era de otra forma fácilmente admitida pues anunciaba también siempre un deseo espantoso. Así pues, nuestra piel y nuestros órganos son poseídos inmisericordemente hasta que nos atrevemos a realizar el exorcismo a través de ése descenso infernal que todo análisis implica. 

Y es que en ese inframundo se encuentra también la clave que puede dar con el cese del sufrimiento neurótico, ahí está la clave del ser del sujeto, el misterio de su nombre que le permitirá ser eventualmente más allá de dicho nombre en tanto se apropie de él. Será la posibilidad de pasar de ser gozante a ser deseante.


Freud apostó pues a regresar de ese inframundo una vez que se dio cuenta de que no se podía hacer otra cosa para exorcizar sus demonios y deshacerse del síntoma –abreacción le llamaba en es tiempo a tal técnica-; y en su práctca hacía de Virgilio en la hipnosis con sus histéricas, para enseñarles el mal que las habitaba y además aprender de él.
El secreto que guardaba la histeria era también guardado a la histérica misma, pero no dejaba de anunciarse. Aquél secreto, amoroso y mortal en 5 Unheimliche, traducido por ominoso. Ver: Freud, Sigmund. Lo ominoso (1919), tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu editores.
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del natalicio de Freud


todos los casos era el secreto mismo de la vida; no de a gratis llegó a afirmar que para entender lo normal había primero que entender lo patológico. 

¡El secreto de la vida en el inframundo!, tal como nuestro Quetzalcoatl descendió al inframundo para recuperar los huesos preciosos y poder crear al hombre. Quetzalcoatl estaba seducido por la posibilidad de la creación y de la vida, y sabemos que tal empeño le costó romper-se los huesos y perforarse el falo para poder transmitir el halo de vida al hombre, que al fin y al cabo no podía ser perfecto debido a que su materia prima había sido averiada en el intento de huída de Quetzalcoatl al caer en el hoyo previamente y para tal fin cavado por Mictlantecutli. El mismo Dios azteca de la creación no salió indemne del descenso al inframundo; pero regresó con la posibilidad de la vida misma… y con un orifico en el falo: castrado y por eso mismo el hombre recibió de él esa falta que lo hizo mortal e imperfecto; deseante.6 Freud, con un poco de más suerte que nuestro Quetzalcoatl, volvió con esa misma castración, pero no para dar vida y tranquilidad al hombre, sino para advertir, como ya he dicho, que no hay posibilidad de ser sin asumir la falta que la castración denuncia; no hay posibilidad de vivir si no es a partir de una nada que no cesa de inscribirse.


Aún se prefiere la comodidad de no preguntarnos nada para no respondernos nada, para no responsabilizarnos de nada; pero eso también tiene un costo. Ahora se cree que la felicidad existe y está en la ignorancia; quizá efectivamente sea lo más cercano a la felicidad; algo así como un estado inalterado donde un equilibrio sería posible, pues bien, es ese equilibrio en
tanto imposible el denunciado por Sigmund Freud, pues en la medida en que apunta a toda falta de disturbio; a toda falta de excitación; apunta a lo inanimado de la muerte.


6 Para más detalles consultar: El pueblo del sol, de Antonio Caso. Fondo de Cultura Económica.
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Cuando Freud consigna el principio de placer y lo reconduce al principio de constancia (placer-displacer), nos advierte de tal imposibilidad. Primero nos dice que toda pulsión tiene un único fin: su descarga; condición para la satisfacción, para la Befriedigung, tal es la palabra que emplea. Luego nos dice con Goethe que esta pulsión acicatea indomeñable; tal parece que no hay mucho que hacer al respecto entonces.

Esta Befriedigung es ominosa y mortal. Esa característica se esconde y se denuncia ya en la misma palabra; a saber; la Befriedigung corresponde al verbo “befrieden” que se traduce como “pacificar”, en el claro entendido de que “der Friede” es “la paz”; llama la atención entonces que se eche mano de tal etimología para hablar de “satisfacción”, pues entonces esta correspondería a un estado total de paz, ahí donde nada disturba, y todos sabemos que no hay mayor paz que la de la muerte y la del sepulcro, pues si la vida es vida, es por ese accidente original que lee Freud al decirnos que echó a andar a lo inanimado al sacarlo de ese estado de reposos absoluto, por lo que desde entonces el organismo (Freud habla ahí de organismo) busca volver a ese estado ideal de lo inanimado, de lo pacificado, de lo befriedigt, lo satisfecho.

Luego se ha intentado dar varios pasos más allá de Freud, y ya sin él, al reconducir esta Befriedigung a la posibilidad de la felicidad, y entonces tenemos cantidad de terapias que echan al mismo saco la felicidad y la satisfacción, de tal forma que para poder ser feliz hay que satisfacerse, entonces aparecen cualquier cantidad de objetos satisfactores en la publicidad que hoy en día se la ve hasta en los escusados. Estos objetos son anunciados como El Objeto de la pulsión, como aquel objeto que permitiría la descarga total y por ende la satisfacción total, dando como resultado un sujeto feliz como lombriz; efectivamente, hasta el día de hoy ninguna de mis observaciones me ha confirmado la existencia de una lombriz feliz; tampoco la de ningún sujeto feliz-todo.


El hecho es que no se lee más a Freud; muchos que se dicen analistas intervienen en la misma dirección meramente psicoterapéutica apostando a que el paciente finalmente satisfaga sus mociones pulsionales; o sea, que su deseo sea satisfecho, para ello hasta se atreven a ofrecer al sujeto diversos objetos llamados adecuados para la descarga de sus más obscuras pulsiones; ignorando en este proceder todo lo que Freud planteó. En primer lugar, ignorando que lo más intercambiable de la pulsión es precisamente su objeto, mismo que aunque no será cualquiera, puede ser el que sea que se preste a la meta de la pulsión: a su Befriedigung.

Entonces vale la pena aclarar aquí algo importante: El Objeto de la pulsión no existe; en todo caso existen objetos posibles de una pulsión; es lo que Lacan nos ha enseñado a leer desde el deseo con una diferencia sustancial entre el objeto del deseo y el objeto causa del deseo. En Freud muchas veces es fácil confundir la satisfacción de la pulsión con el cumplimiento del deseo; pues bien, Freud nunca habla de una satisfacción del deseo. Además, cuando habla del Objekt de la pulsión dice, como recién lo señalé, que es lo más intercambiable; y cuando aborda la cuestión del objeto de la satisfacción7 es para decirnos que está perdido para siempre y que no tenemos nada de él que no sea sólo su Vorstellung, su representación, ya sea en la ilusión neurótica de la realidad (pues para ser normalmente neurótico hay que haber perdido un objeto primordial para poder estar cuerdos, tal es el juicio de realidad en Freud8), en el dolor melancólico, o en la en la alucinación psicótica. Es aquí donde anida el deseo: en la falta de tal Objekt, es decir, debido a la falta … del Objeto (con mayúsculas), el deseo surge como tal; pues como lo advierte Sócrates en el banquete, no podemos desear lo que ya tenemos.9

Ahí está el salto del objeto en la pulsión que apunta a la Befriedigung, al objeto del deseo, que será aquel que haga semblante del que no está y que evidencia a su vez un objeto causa del deseo; es decir, el objeto primordial que una vez habría habido y que se perdió, y que entonces devino mítico para elsujeto intentando desde entonces reencontrarlo; por eso mismo Freud nos dice que es preciso antes reencontrar al objeto para luego poder encontrarlo.

7 En la carta 52, en el capítulo 7 de la Traumdeutung y en el Yo y el ello, por ejemplo.

8 Ver “Die Verneinung” (1925), traducida como “La negación” Tomo XIX, Obras Completas de Sigmund Freud, Amorrortu, editores.

9 Platón. Diálogos, “Simposio (Banquete) o de la erótica. Editorial Porrúa.

Pero vayamos por partes; ese desconocimiento de Freud, a causa quizá de su abandono por nuevas terapéuticas pretendidamente psicoanalíticas10, o a causa de lacanianos muy, muy pero muy lacanianos, tanto que a Freud ya ni lo leen pues Lacan habría dicho todo de él y lo habría rebasado; bueno, pues este desconocimiento de Freud ha llevado precisamente a confundir sus propuestas, a meterlas en la licuadora del entendimiento.
Bien, Freud no habla entonces nunca de un deseo satisfecho o de la satisfacción de un deseo; en su lugar habla de una Wunscherfüllung, de un cumplimiento del deseo; o sea que para Freud no hay un befriediger Wunsch, deseo satisfecho, lo que hay es un erfüllter Wunsch, un deseo cumplido, que no son lo mismo.


Vean como a partir de la pulsión se desprende el deseo; el deseo no es la pulsión, claro está; pero en toda la Traumdeutung no hay una sola referencia a la Befridigung del deseo, y podemos ver por qué. No hay un solo soñante que quede satisfecho con su sueño y si la Befriedigung es la pacificación, no es difícil darnos cuenta que precisamente el soñante no queda en paz con lo que ha soñado. Primero porque si se trata de un sueño agradable; incluso muy agradable y placentero; al despertar el sujeto no queda en paz justo por haberse tratado sólo de un sueño; quedara deseando la realización de aquello que soñó más que nunca, y por otro lado, si el sueño es de angustia, tampoco habrá un sujeto apacible o apaciguado al despertar; más bien, el sueño anuncia ese deseo reprimido que puja desde lo inconsciente por su reconocimiento.


O sea que el cumplimiento del deseo durante y en el sueño es precisamente su realización, en tanto que lo deseado se realiza en el sueño, pues el hecho de soñar que se realiza lo deseado es justamente realizarlo. Hay que recordar que la realidad es siempre la psíquica; realizar algo es llevarlo a este terreno de la realidad, donde el deseo anuncia lo que no está y lo pone ahí 10 En alguna ocasión escuché a alguien decir que era psicoterapeuta psicoanalítica ¿qué es eso? con un subrogado, con su Vorstellung, pero esto es posible siempre y cuando se asocie a esa representación de lo que no está, de la cosa dice Freud
(Dingvorstellung), una Wortvorstellung, una representación-palabra. El deseo no tiene otro vehículo que la palabra y el discurso que le da forma; por eso un sueño es hasta que se dice, no antes, porque el sueño a su vez ya dice algo de lo imposible de colmar, de lo real, de la castración.


Al andar los diferentes círculos infernales el sujeto se encontrará … bueno, primero se perderá entre los demonios de sus deseos, estos serán más unheimliche, más espantosos cuanto más íntimos sean, cuanto más heimliche sean. Sin embargo, para encontrarse primero hay que perderse, hay que abandonar toda certeza y dar lugar al cuestionamiento. Fue este gesto lo que permitió Freud encontrarse con lo inconsciente.

En la Traumdeutung Freud consigna una frase de Dante:
“Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo”, lo que se ha traducido al español como “si no puedo inclinar a los Poderes Superiores , moveré las Regiones Infernales”11 o en alemán: “Kann ich die höheren Mächte nicht beugen (rendir, doblegar), bewege ich doch die Unterwelt”12.

Ahora bien, esta frase la cita Freud al hablar de algo sofocado del alma que se abre paso a su exteriorización a la conciencia mediante el sueño. Me parece que tal frase habla tanto de eso que Freud quiere transmitirnos como del mismo Freud.
Puntuemos: ahí en la cita donde aparece “inclinar” en español, en alemán aparece beugen, que quiere decir doblegar, rendir, doblar; y creo que una inclinación no es un doblegamiento; bien, luego se traduce “moveré las Regiones Infernales”, y en alemán en lugar de Regiones Infernales lo que aparece es Unterwelt, que si bien puede dar claramente la idea del infierno,
11 Freud, Sigmund (1900) La interpretación de los sueños. Tomo V, Obras Completas,
Amorrortu editores. p.597.
12 Freud, Sigmund (1900) Die Traumdeutung. Bd.II, Studienausgabe. S. Fischer Verlag. S.577. una traducción más precisa sería “Inframundo” precisamente. Esto tiene la mayor importancia si recordamos en primer lugar que no son lo mismo; como en el mito de Quetzalcoatl, no se trata ahí de ningún infierno, es simplemente el lugar de los muertos y ahí habitan dioses también, vale decir, poderes inframundanos; y en segundo lugar, para lo que nos interesa, que Freud consigna continuamente el término de Innenwelt y Umwelt para hablar de lo que se traduce como mundo interno y mundo externo; tan caros para la clínica de las neurosis y las psicosis en Freud; donde según domine uno u otro el sujeto se ubicará en realidades diferentes, entonces hablar de Unterwelt en lugar de die Hölle, también tiene consecuencias; se trata de poderes que se encuentran por debajo de la consciencia más no subordinados a ella, todo lo contrario. Por esta razón, Freud nunca habla de subconsciente, como el vulgo lo hace; él habla de inconsciente, preconsciente y consciente, se entiende que el inconsciente no está subordinado; más bien es él quien agita la superficie.

Desde la teoría de la Verdrängung, literalmente re-presión, se anuncia ya el Drang, el empuje y la fuerza, algo que también se traduce como afán; pues bien, ante este peligroso afán será necesario un contra-afán si se me permite la expresión; o sea, la Verdrängung. El síntoma viene entonces a dar cuenta en la superficie de estos movimientos bajo la corteza, de las cruentas batallas desencadenadas entre los poderes del inframundo, tal como las formaciones montañosas del Himalaya y los Alpes dan cuenta del choque violentísimo de las placas continentales de Asia y África que se producen a miles de kilómetros bajo tierra.


Así entonces podríamos decir que el infierno remite directamente al pensamiento judeo-cristiano, como un lugar donde un sujeto pagaría por sus pecados al morir; mientras que el inframundo es una región propia del sujeto, es la metáfora del inconsciente, de las pulsiones y del deseo; que aunque el sujeto la desconozca sufre sus efectos. Este Unterwelt actúa directamente sobre el Innenwelt, sobre el mundo interno, pues lo conforma de alguna manera ya. Cuando las fuerzas del Unterwelt son rechazadas del Innenwelt, entonces se proyectan hacia fuera, hacia el Umwelt; el medio externo: las montañas del síntoma que al mismo tiempo se afirman en las raíces más profundas.

La cuestión es pues, que el mismo Freud se convirtió en una agitador de ese inframundo, y ya que estoy haciendo referencias al idioma materno de Freud, diré que fue un verdadero Aufwühler. Prefiero este término toda vez que hace pasar un equívoco y una polisemia que el español no nos permite.
Aufwühlen es agitar, escarbar, hurgar, rascar, remover y revolver, y Freud ¿noagitaba? ¿no escarbaba? ¿no hurgaba, rascaba y removía? ¿acaso Freud no fue un agitador, un hurgador, rascador y removedor de lo inconsciente, del inframundo? ¿no se identificaba más con el arqueólogo que con el psicólogo? ¿no comparaba al análisis con la reconstrucción de una ciudad a partir de las ruinas que desorganizadas se encontraban en la superficie?

Freud mismo pues se asumía como un Aufwühler, incluso en 1914 denomina como “la bomba” al texto que estaba a punto de publicar –de estallar-, texto de suma importancia debido a que en él hacía una separación tajante entre el psicoanálisis y aquello que no lo era pero se presentaba en su nombre y denunciaba firmemente las desviaciones –como él las llamaba- de
Jung y Adler: la “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico”.


En alguna ocasión declaró que siempre había necesitado de un enemigo, las resistencias parecían ayudarle en su trabajo, luego dijo que si no hubiese sido por su condición de judío, es decir, de rechazo y discriminación, con las que llegó a estar familiarizado sin conformarse jamás a tal condición; no hubiese podido enfrentar todas esas resistencias que se levantaron ya en su quehacer profesional y de investigación. Es esclarecedora en este sentido aquella declaración que en 1938, al final de su vida, le escribe a Stefan Zweig:
“El análisis es como una mujer que quiere ser conquistada pero sabe que será muy
poco respetada si no ofrece resistencia”13.
También sabemos que Freud declaró que había leído más y le habían
ilustrado más los libros de arqueología –junto a los de los literatos- que los de
psicología.
13Gay, Peter. Freud, una vida de nuestro tiempo. Paidós. P.565.

La mala nueva entonces que Freud nos anuncia es que somos no todos, que somos castrados, que nuestros dioses no son más que la mera proyección de nuestros temores y deseos, que están en estrecha relación con los poderes del inframundo. Es necesario entonces escarbar y hurgar ese inframundo y sus muertos … vivientes: los espíritus que lo habitan. Peter Gay, uno de los biógrafos de Freud propone identificarlo con un “investigador intelectual de la naturaleza”, según la traducción de Paidós, pero la palabra que emplea es “geistiger Naturforscher”, Natur es naturaleza, Forscher es investigador y el adjetivo de geistiger proviene de Geist, que quiere decir tanto genio como espíritu, de tal forma que intelectual aparece del lado del genio en dicha traducción, pero aún hay otras posibilidades: nada impide leerlo como un investigador natural de los espíritus. ¿por qué Peter Gay lo asocia a este término?, porque a quien se refiere en primer lugar es a un filósofo alemán contemporáneo de Freud que se definió a sí mismo de esa manera. Este filósofo, quien fue discipulo nada más y nada menos que de Hegel, aunque después se opuso a él; escribió alguna vez “no soy más que un geistiger Naturforscher”.

La cuestión es que este filósofo tuvo gran influencia sobre Freud; quien sabía de su obra y había leído sus trabajos, tal como muchos jóvenes filósofos de la época. Nos referimos a Ludwig Feuerbach, y basta leer un fragmento de su obra más célebre publicada en 1841: “La escencia del cristianismo”, para darnos una idea de las similitudes que se pueden encontrar con los postulados del psicoanálisis. Veamos:
" Los dogmas fundamentales del cristianismo son deseos del corazón cumplidos –la esencia del cristianismo es la esencia del sentimiento. Es más cómodo sufrir que actuar; es más cómodo dejarse redimir y liberar por otro, que liberarse a sí mismo; es más cómodo hacer depender su salvación de otra persona, que de la propia fuerza; es más cómodo amar que anhelar; es más cómodo saberse amado de Dios, que amarse a sí mismo con un amor sencillo o natural, innato en todos los seres; es más cómodo reflejarse en los ojos amorosos de otro ser personal, que en el espejo cóncavo del propio yo o en el abismo frío del océano de la naturaleza; es más cómodo en general, del natalicio de Freud dejarse llevar por sus propios sentimientos, que determinarse por la inteligencia misma cuando esos sentimientos tienen la apariencia como si fueran de otro, aunque en el fondo sean los sentimientos del propio yo. "14

Afortunadamente Ludwig Feuerbach no vivió en época de la inquisición, pues seguro le hubiesen quemado por sus declaraciones que hubiesen resultado igualmente incendiarias; bueno; su apellido ya anunciaba algunas cosas: Feuer = fuego, Bach = arroyo, riachuelo: Feuerbach = ¡Arroyo de fuego! Ustedes disculparan que siga jugando con las palabras, pero es lo menos que podemos hacer cuando estamos sujetos a ellas, de otra forma serán ellas quienes jueguen con nosotros.
¿cómo podríamos estar entonces satisfechos con el psicoanálisis? ¿no es a partir del momento en que abandonamos nuestra posición deseante, o sea, nuestro deseo, que detenemos nuestra vida misma, no morimos un poco ahí y pasamos de ser a solamente estar? ¿no es necesario, si queremos seguir viviendo que nos continuemos agitando y revolviendo ante el goce que nos convoca a descender a nuestro inframundo justo para que nuestra vida no acabe convirtiéndose en un infierno?
Cito la palabra, me atrevo a decir, el deseo de Freud que sigue teniendo toda su vigencia :


“Más si alguno de ustedes no se sintiera satisfecho con un trato pasajero con el psicoanálisis, y quisiera entrar en una relación permanente con él, no sólo se lo desaconsejaría, sino que directamente lo prevendría contra ello. Tal como están hoy las cosas, mediante esa elección vocacional se coartaría toda posibilidad de lograr éxito en una universidad, y, si hubiera de entrar en la vida como médico practicante, se encontraría en medio de una sociedad que no comprende sus empeños, que lo mira con desconfianza, con hostilidad, y que le suelta todos los malos espíritus que en ella están en acecho. Las manifestaciones que acompañan a la guerra que hoy descarga
14 Tomado de Internet: http://es.wikipedia.org/wiki/Ludwig_Feuerbach

sus furias sobre Europa15 quizá les permitan formarse una idea de cuántas legiones hay de tales espíritus.
Siempre hay bastantes personas que, a pesar de tales incomodidades, se sienten atraídas por algo que puede constituirse en un nuevo fragmento del saber. Si alguno de ustedes perteneciera a esa clase y, desdeñando mis avisos, volviera a presentarse aquí la próxima vez, será bienvenido.”16

Gracias a cada uno de ustedes por su lectura a 150 años del natalicio de
Freud y por estar hoy aquí.

15 Y hoy, en 2006, sobre Irak, Afganistán, Palestina; la frontera entre México y EUA, y tantas
que amenazan con venir: Irán, Corea del Norte, Venezuela, …,
16 Freud, Sigmund.(1915) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Parte I. Tomo XVI,

Obras Completas, Amorrotu editores.

Bibliografía
Caso, Antonio. El pueblo del sol, Fondo de Cultura Económica.
Compact Diccionario Didáctico Alemán. Océano Langenscheidt.
Diccionario básico alemán. Océano Langenscheidt.
Feuerbach, Ludwig (1848) La esencia del cristianismo.
Freud, Sigmund. Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en
vida de Freud. “Carta 52” (1896). Tomo I, Obras Completas, Amorrortu
editores.
Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños (1900), tomo V, Obras
Completas, Amorrortu editores. p.597.
Freud, Sigmund. Die Traumdeutung (1900), Bd.II, Studienausgabe. S. Fischer
Verlag. S.577.
Freud, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis (1915), Parte I.
Tomo XVI, Obras Completas, Amorrotu editores.
Freud, Sigmund. Lo ominoso (1919), tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu
editores.
Freud, Sigmund. La negación (1925), tomo XIX, Obras Completas, Amorrortu
eitores.
Gay, Peter. “Freud: una vida de nuestro tiempo” , Paidós.
Platón. Diálogos, “Simposio (Banquete) o de la erótica. Editorial Porrúa.