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LA DESDICHA


“Instintivamente se siente que la desdicha
es una experiencia más rica,
más intensa que la dicha”.
BORGES

 


“Si por una suerte extraña atravesamos la vida
encontrándonos solamente con gente desdichada,
no es accidental,
no es porque pudiese ser de otro modo.
Uno piensa que la gente feliz debe estar en algún lado.
Pues bien, si no se quitan eso de la cabeza,
es que no han entendido nada del psicoanálisis”.
LACAN


Supongo que el tema de la desdicha era más que obvio si del Malestar en la Cultura se trata, Sigmund Freud en ese escrito que hoy nos convoca a trabajar, advirtió que estamos hechos de tal forma, que todo en nuestra naturaleza nos invita al sufrimiento. De hecho iniciando el trabajo afirma: “La vida, como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes.

“ 1 Imagino que por eso estamos aquí. Para distraernos de nuestras propias adversidades, o como mejor diría Freud citando a Voltaire, intentando cultivar nuestros propios jardines.


Y aunque Freud insiste en la idea de que no hay en la creación las disposiciones necesarias para que el hombre sea dichoso, después nos muestra como los seres humanos podemos aspirar a una cierta cuota de felicidad si somos capaces de renunciar o cuando menos atemperar nuestros anhelos. Supongo que por eso somos tan dados a decir:
“Poquito porque es bendito” o “De lo bueno poco”.

Pero cuando hablamos de nuestra naturaleza y concretamente de naturaleza humana, estamos diciendo una barbaridad, pues no hay en nosotros nada natural. Precisamente el gran descubrimiento de Freud es 1 Freud Sigmud. El malestar en la cultura en Tomo XXI. OBRAS COMPLETAS Ed. Amorrortu. 1976. Pág. 75
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2 que no hay nada en el hombre que escape a las leyes de la palabra.
Por ello es que su adaptación natural está totalmente desbarajustada.

Una vez que el hombre, tiene la fortuna de encontrarse con los significantes del Otro, o debería decir, de tener su encuentro con el lenguaje, queda para siempre atrapado, trastocado, condenado a padecer la desdicha de no poder decir lo que su corazón anhela, o la desdicha de hablar más de lo que quiere, o la desdicha de no saber lo que dice, o la desdicha de no entender ni que dijo, ni para quien lo dijo.

O sea atrapado en los dichosos malentendidos del lenguaje.
Malentendidos que son el fundamento mismo del discurso humano. Y digo dichosos, porque la Verdichtung, la ley del malentendido, es lo que nos permite a decir de Lacan sobrevivir, o hacer varias cosas a la vez. Y mucho más, porque ese lenguaje es el que posibilita la Ley de simbolización que organizará nuestras vías de acceso a lo permitido y lo prohibido.


Y por supuesto que ni de chiste me voy a meter en el tema de la ordenación social a partir de lo que Freud desarrolló en Tótem y Tabú, porque de eso ustedes son más que expertos.
Así que volviendo al malentendido fundamental, el lenguaje altera la relación humana con la realidad. No hay otra realidad más que la original y radicalmente alucinada. El lenguaje produce ciertas alteraciones, perturbaciones en el sujeto, para empezar la relación que mantiene con su propio cuerpo, piensen en el síntoma por ejemplo, y de las cuales la principal alteración, es el deseo. Y ese deseo a su vez nos lleva, como en un círculo vicioso a anhelar lo imposible.

Porque buena parte de nuestras congojas se basan en que aspiramos a abarcar el Todo, sueño de tenerlo Todo, surcamos por el mar de lo imposible y nos encontramos con que nuestro sueño, no es más que eso, un sueño.


Freud, nos descubrió que los sueños también hablan, pero que no porque hablen entendemos lo que dicen, lo que quieren decir, por el contrario, para saber lo que un sueño quiere decir debe ser interpretado. En palabras de Lacan: “Y para ello se necesita de otro, pues el inconsciente es esencialmente palabra, palabra del otro, y sólo puede ser reconocida cuando el otro se la devuelve a uno.” 2
Freud nos enseñó además, que el inconsciente no es instintivo, y no es equivalente al saber cierto e inequívoco del instinto que permite sobrevivir al animal en su necesidad natural. Por ello es que el inconsciente a diferencia del instinto es de forma primordial des adaptativo. Podríamos decir que a diferencia del instinto su respuesta es más bien no adecuada y por supuesto no adaptada. En realidad, somos una bola de inadaptados. Y por ello sostiene Lacan en Televisión: “Sólo hay inconsciente para el ser hablante, y es en el campo del lenguaje que Freud descubrió el inconsciente.”
Pero como es que llegamos a introducirnos en el mundo del lenguaje.
Tenemos varias formas de explicarnos eso, yo elegí para ustedes un conocido trabajo de Freud, que se encuentra en el capítulo II de “Más Allá del principio del placer” de 1920, allí habló de un momento constitutivo para el sujeto, el momento que todos conocemos como el juego del fort-da, y que Freud descubrió de forma magistral como un juego simbólico fundante para el sujeto.


Se trata de la conocida observación que hace Freud de su nietecito, un niño de apenas 18 meses de edad, quien como todos los niños de esa edad tenía la costumbre, que a todos nos resulta bastante enojosa, de arrojar lejos de sí todos sus juguetes. “Juega” entonces a que los objetos desaparecen. Muy pronto aparece otro juego un poco más sofisticado, que consiste en arrojar un carretel y volverlo a jalar hacía sí, con un hilo (una piola) al que está atado. Mientras hace esto, acompaña a su juego diciendo “o-o-o-o” cuando desaparece y “a-a-a” cuando vuelve a aparecer, Freud se da cuenta que no se trata de una simple interjección, sino de lo que él traduce como Fort- da. (Se fue-Acá está)

Así que el juego completo, es de desaparecer y volver a aparecer.
Freud comprende a partir de la observación de este juego, que el niño alcanza un gran logro cultural y cito: “La interpretación del juego resultó entonces obvia. Se entramaba con el gran logro cultural del niño: su renuncia pulsional (renuncia a la satisfacción pulsional) de admitir sin protestas la partida de la madre”. 3 El logro cultural se efectúa a partir

2 Lacan Jacques. SEMINARIO 3 LAS PSICOSIS. Ed. Paidós. Buenos Aires Argentina. 1984.
Pág. 348
3 Freud Sigmund. OP. CIT. Pág. 115

de una renuncia. ¿Cuántas más tendrá que hacer ese niño para insertarse en la cultura? Y Freud no se detiene allí, sabe que el niño juega a que la madre desaparece, pero se pregunta: ¿por qué tendría que jugar a eso si le es displacentero, si es traumático? El niño no solamente ha hecho una renuncia pulsional, digamos un sacrificio, sino que a través del juego, el niño escenifica por sí mismo, con los objetos a su alcance, la ausencia de la madre, y a este juego lo podemos pensar de varias formas, una de ellas es que el niño antes pasivo por la ausencia de la madre ahora es activo, otra que en el acto de arrojar el objeto se está vengando de la madre, pero lo más importante, y es a la conclusión que llega Freud, es que el juego, por más que lo que se juegue sea desagradable, se repite porque está conectado a “una ganancia de placer de otra índole”.

Eso que Freud vislumbra como el más allá del principio del placer.
Si no todo está inscrito dentro del principio del placer, si no todo entra dentro de las de leyes del proceso primario, hace falta que se cumpla una tarea para que este proceso empiece a funcionar. El niño necesita transformar un hecho Real, traumático, como es la ausencia de la madre, su partida, en el registro simbólico, registro significante que permitirá su inscripción. El niño tiene que inscribir la partida de la madre, transformarla en palabras, registro significante: fort-da, primera oposición significante, sobre la que después se podrán operar todas las leyes del proceso primario: condensación, desplazamiento, transferencia.

Lacan insiste además en que fascinados por ese momento, en el que el niñito juega y de ese modo se está ejercitando en la aprehensión del símbolo, tendemos a olvidar que: “el símbolo ya está ahí, por todas partes, que el lenguaje existe, que llena las bibliotecas, las desborda, rodea todas nuestras acciones, las guía, las suscita, nos compromete.” 4

Así que un sujeto, en este caso el niño tendería a repetir algo que de ninguna manera podría ser placentero, porque hay algo que hace suponer un más allá del principio del placer. Un más allá de lo simbólico.
4 Lacan Jacques, OP. CIT. Pág. 119
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Por su parte Lacan siguiendo a Freud, plantea que más allá del principio de placer lo que hay es una dimensión de goce, y que justamente en el juego del fort-da, lo que vemos es una situación displacentera en la que el niño aprende o descubre con su carretel, pequeña máquina, incipiente diría yo, a dominar el goce y a obtener placer. De este modo nos propone que el fantasma es un artilugio, una máquina para transformar goce en placer, o mejor dicho, para domar el goce.
Y Lacan señala que el lugar del niño en ese fantasma es del de ser el objeto. El niño se identifica con el carretel. Juega a que es él quien puede desaparecer para el Otro. El niño se ofrece como el primer objeto para cubrir la carencia del Otro. Pero por la vía del fantasma, se ofrece como pérdida, -¿puede perderme?- (es la pregunta planteada por el niño al Otro). Y que por supuesto Freud acota en una nota a pie de página, en donde relata que una variante del juego, consiste en que el niño había encontrado un medio para hacerse desaparecer a sí mismo, gracias a un espejo. Con lo cual ahora puede recibir a su madre con un Bebé o-o-o-o. o lo que es lo mismo. Bebé no tá.

Lacan, con una afirmación un poco más fuerte afirmó: “El fantasma de su muerte, de su desaparición, es el primer objeto que el sujeto tiene para poner en juego en esta dialéctica y, en efecto, lo hace. …
Sabemos también que el niño evoca comúnmente el fantasma de su propia muerte en sus relaciones de amor con sus padres.” 5 Y podemos confesarlo, bueno no aquí, cuántos de nosotros llorábamos fascinados imaginando el dolor de nuestros padres ante nuestra muerte. En realidad se trata de una falta que cubre a otra falta.
Así que como vemos no hay modo de entrar en lo simbólico, en la cultura, y en el fantasma sin renuncia pulsional, sin separación de la madre.
La renuncia pulsional descubierta por Freud, habla de una renuncia al goce del Otro, pero una renuncia que se efectúa no sin cierta renuencia por parte del sujeto, no sin dolor. Por ello persiste una permanente nostalgia, la búsqueda de una satisfacción imposible. De allí que como bien observó Freud, la mayoría de los seres humanos, quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla.
5 Lacan Jacques. SEMINARIO 11 LOS CUATRO CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL PSICOANÁLISIS. Ed. Paidós, Buenos Aires Argentina, Pág. 222
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Pero y que pasaría si no hubiera Otro que interprete lo que el niño ha dicho. Si su grito quedara resonando en un silencio sordo. Porque en el juego del Fort-da, Freud establece con toda claridad que es el juicio de la madre quien valida lo que el niño ha dicho. Y Lacan insiste una:

“palabra es palabra en la exacta medida en que alguien cree en ella”.
6 Se ejercita entonces una escucha, un posicionamiento del Otro en relación a la interpretación que puede hacer de lo que el niño dice.
Aunque eso que se escuche pase a ser su maldición, su mal dicción, su mal dicho, o aquello que se mal dijo, y que lo deje para siempre sin poder entender de que se trata su destino.
Pero si eso no sucede, si el Otro decide permanecer sordo, sin capacidad para escuchar una significación anticipatoria. Sea porque no puede o porque no quiere. Y si pensamos que no hubo corte con el Otro, o lo que es lo mismo, no hubo renuncia pulsional, entonces estamos hablando de un sujeto atrapado en un lugar terrorífico, el de ser un puro objeto entregado al goce del Otro. Prisionero de una palabra que se convierte en ley, palabra única, la de una madre o un padre, el sujeto queda preso en su totalidad, en una cadena significante primitiva que prohíbe la apertura dialéctica.


Y entonces sí que podemos hablar del Todo, seres completos, sin falta, inmortales como diría Borges, con un acceso total al saber, saber de un organismo sin pérdidas, certeza de saber que el Otro goza de él, sin renuncias, en un mundo donde las palabras adquieren una extraña pero sólida significación. En donde no hay desdicha, pero tampoco dicha posible, simplemente porque no hay dichos ni desdichos, lo único que hay es aquello que acosa: lo real del goce.


Ese goce que la vida actual nos acerca cada vez más. Ya sea en la forma de voces descarnadas, feroces, obscenas que nos ordenan lo que debemos hacer y/o pensar. O en la forma de objetos de goce a nuestra disposición. Goces que enmascaran nuestra más profunda soledad, para dejarnos expuestos a una soledad más terrible, soledad incestuosa, que nos deja adheridos a la Cosa, al vacio de Das Ding.

Cuando la palabra extravía su sentido, cuando la palabra no se escucha, cuando el Otro permanece indiferente.
6 Lacan Jacques. SEMINARIO 1. Ed. Paidós, Buenos Aires Argentina. Pág. 264
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Se tratará entonces de desdecirnos de nuestras desdichas, o de encontrar otra forma de pensar nuestra desdicha, porque no hay mejor opción para disfrutar del principio del placer que aquel que supone un cierto margen de desdicha. Aceptar que cada uno cargará con su cuota de tristezas o de renuncias, no atempera nuestro anhelo originario, apasionado dirigido hacia el cumplimiento de la única dicha posible: La de renunciar al Todo y por tanto a la inmortalidad.

Quizás el mayor descubrimiento freudiano es que el fantasma o debería decir la posibilidad de elaboración de la fantasía para utilizar los términos que utilizaba él, la elaboración de sueños diurnos, le permiten al sujeto la posibilidad de acceso a un goce permitido; habría que preguntarse si la civilización actual con sus nuevas formas de consumo impide que el sujeto elabore fantasías en la medida que sólo actúa mecánicamente, de forma hueca, vacía. Y de pronto me siento con una profunda nostalgia por los tiempos en que solíamos sentarnos por las noches a escuchar a los viejos de mi tierra. Cobijados por la oscuridad oíamos historias que nos permitían comprender nuestro lugar en el mundo, a veces con muchas risas, en otras, las más, con mucho susto, nostalgia por los cuentos, las narraciones, las historias, los mitos, palabras que nos permitieron a la vez construir nuestras propias fantasías, elaborar nuestros sueños diurnos. Y hoy me pregunto si no será necesario enseñar a contar, a narrar para poder hilar en el tejido de la historia nuestras futuras dichas o desdichas.

Virginia Hernández Ricárdez